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Peregrina -sin móvil- al fin del mundo

La propuesta de Esther Santiago me llegó en el momento justo, decía algo asi: “Partiremos de Santiago a Finisterre, un camino milenario hacia el antiguo fin del mundo. Recorreremos juntos el Camino de las Estrellas en grupo…Un regalo para empezar a recoger  y dar fuerza a la semilla de lo que sembrarás en tu vida el próximo curso” Yo ya empecé el camino hace siete años (lo conté aquí) pero tan sólo he recorrido las etapas de Navarra y me apetecía mucho retomar. Asi que me apunté a retomar por el final. El domingo 18 nos reunimos en Santiago de Compostela al atardecer y el lunes temprano comenzamos a caminar los 90 km que separan Santiago de Fisterra. Antes había tomado una pequeña decisión que me costó lo suyo: dejar mi teléfono móvil en Madrid. Confieso que durante el viaje en coche compartido ya empecé a notar mi síndrome de abstinencia, casi sin querer me llevaba las manos al bolsillo vacío y en varias ocasiones estuve tentada de pedirle a mi hija, que viajaba conmigo, …

Amamantar es amar

Amamantar es amar. Hacerlo durante años conlleva una profundidad en la experiencia del amor maternal difícil de explicar y transmitir. Las madres que lo hemos vivido así no solemos reveindicar la lactancia porque proteja de enfermedades o mejora el desarrollo neurocognitivo, no. Eso sería como decir que hacer el amor es bueno porque disminuye el estrés, un reduccionismo impensable para quien se entrega a la relación amorosa con toda el alma. Amamantar durante años significa criar con miles, millones de abrazos, besos y caricias. Así se desarrolla una relación íntima, entrañable, segura. Estos niños y niñas construyen su personalidad desde ahí, desde la piel y el bienestar, desde la confianza que da haber vivido el cuerpo materno como un hogar durante la primera infancia.  Y sí, su sistema oxitocinérgico se desarrolla  de otra manera, aunque eso todavía está poco investigado. Mi amiga Azucena me regala estas imágenes amamantando a su hijo Bastian, que pronto cumplirá cinco años. Me parecen muy bellas, emocionantes y valientes. Azu ya amamantó a Wanda, su primera hija, durante años y …

La primavera nudista

Creo que mi padre nunca planeó ser un revolucionario, mucho menos un nudista famoso. Jamás salía desnudo del baño tras la ducha igual que tampoco levantaba la voz en las cenas navideñas cuando sus cuñados más conservadores criticaban encendidamente a los jóvenes políticos que por aquella época prometían acabar con la corrupción y que él secretamente admiraba. Era callado y bastante gruñón cuando le interrumpíamos sin aviso. Pasaba la mayor parte del tiempo libre en su despacho estudiando medicina y cuando su trabajo como jefe del servicio de urgencias despertaba el interés o la admiración de los vecinos le quitaba rápidamente cualquier valor aduciendo “el mérito lo tienen los que van en las ambulancias o los que tienen que operar bajo las bombas, lo nuestro está chupado”. A nosotras nos daba abrazos de cosquillas o nos cantaba canciones más viejas que la tos antes de dormir. No nos dedicaba mucho tiempo pero nos pedía ayuda siempre que se ponía a cocinar y mientras pelábamos patatas o destripábamos calamares se interesaba por nuestras historias escolares y …

La vida que no quería vivir

La vida que yo no quería vivir ocupaba por aquel entonces la mayor parte de mi tiempo. Tenía que viajar mucho: trabajaba como comercial de fertilizantes y pesticidas para una empresa de levaduras francesa. Recorría el país de arriba abajo una y otra vez alojándome siempre en aquellos hoteles modernos que ahora recuerdo en blanco y negro. Comía con mis clientes en restaurantes ruidosos y solía cenar solo en las barras de los bares: patatas bravas, sándwiches mixtos o rabas y unas cuantas cañas de cerveza mientras comentaba el partido de fútbol de turno con algún camarero local. ¡Ah los camareros, cuánto me enseñaron en aquellos tiempos! Yo por aquel entonces era joven y atlético, ellos casi siempre me superaban en años y en kilos pero sobre todo en ironía. Tal vez fuera eso que más me gustaba de la vida que yo no quería vivir: aquel despliegue de humor negro y parsimonia que a menudo demostraban los únicos testigos de mi creciente soledad. Fue en una de aquellas barras donde me la encontré. Hizo …

Intercambio de casas y camas

ELENA Una casa en una aldea en las montañas. Parecía una estampa sacada de un cuento infantil: las imágenes en la web mostraban vuestro zaguán, el castaño junto a la fachada izquierda, la puerta de madera pintada de verde, el amplio ventanal que se abría al prado, la montaña sosteniendo vuestra casa de piedra como las ostras que abriéndose muestran sus perlas. Hasta se adivinaba el humo saliendo por la chimenea. No sé qué pudisteis ver vosotros en nuestro pequeño piso a cinco minutos de la Puerta del Sol donde el silencio es impensable y la naturaleza una fantasía de plástico en macetas.  Quiero imaginar que fue Claire, tu mujer holandesa, la que decidió que era un buen intercambio para vosotros, una oportunidad de pasar unos días en la capital lejos de Asturias hartándoos de museos y librerías y me imagino que hasta espectáculos con vuestras dos hijas. Para nosotros que llevábamos ya tiempo metidos en esto del intercambio de casas fue sencillo. La vuestra reunía todo lo que buscábamos para nuestras vacaciones de Semana …

La vida en la gasolinera

La gasolinera en espejo a los dos lados de la carretera. En el lado del campamento han cerrado los tanques y ya no sirven gasolina pero mantienen la cafetería y restaurante y los baños están siempre limpios. Es la manera que tienen los griegos de cuidar a los refugiados. Por todo las tiendas y carpas. Las de ACNUR, las del decathlon y las de palos y mantas. Tienen que hacerse la comida así que van quemando plásticos y cartones junto con leña que cada día recogen más lejos. A ratos el olor a plástico quemado es asfixiante. Los tropecientos niños y niñas juegan a sus anchas. Hoy se manifestaban “open the borders, open the borders!” Tenemos dos carpas: una para lavar a los bebés y otra para la consulta de lactancia y alimentación. Hoy he pasado la mayor parte de la mañana ayudando a bañar bebés. Las madres agradecen el espacio cálido. Frotan a su hijos con más jabón que agua casi y cierta insistencia, como si con el lavado se pudieran borrar las huellas del viaje heroico. Los bebés …

La vida fragmentada

La vida fragmentada, edulcorada y contaminada como el absurdo café en cápsulas marcianas. La extrañeza rodea la ausencia que empaña la mirada. La ciudad sin olor a tierra, el campo sólo en la distancia. Apenas queda nada. Las falacias cotidianas. Las grullas ya no sobrevuelan la ciudad, la lluvia casi no llega. Todo se disfraza y se enmascara. Persigo una mirada, el olor de la leña, las palabras bosque y rama. Estuve enamorada y supe que brillaba. Pisé la tierra y caminé descalza. Ahora admiro líquenes en las calzadas. Todas las derrotas de las que nadie habla. La vida adulterada y las mentiras enredadas. Las palabras falsificadas. Hacer como si importara, me gusta, un abrazo, os quiero, hasta mañana. La vida ya no alcanza. Caligrafía maltratada y ya no hay mensajes flotando en las botellas. Pese a todo, casi nada. Los niños duermen entre las mantas. La tierra naufraga. A la deriva ya no me siento tan rara. La vida siempre te alcanza.