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La alegría del barrio

La invitación a la Noche de Baile ya prometía lo mejor: La orquesta del barrio amenizará las noches de los viernes a partir de las diez y media. Las gradas se plegarán como un acordeón y la sala quedará diáfana para sueltos y agarraos bajo las bombillas de colores. Cada noche, un cantante invitado interpretará vaya usted a saber qué y cuánto.  La  realidad superó sobradamente las expectativas. La orquesta de barrio era espectacular, con el gran Nacho Mastretta al frente. La noche del viernes bailamos enloquecidamente, con inusitado júbilo. La propuesta del  Teatro del Barrio  recupera la fiesta popular (todos los viernes  la entrada es libre) abiertamente: ” El sistema nos golpea con miseria, fealdad, depresión. Queremos responder con belleza, con alegría”. Está claro que lo están consiguiendo ya, recuperando la alegría a raudales y con ella la esperanza. No dejéis de consultar su potente programación, abierta además a propuestas. Imprescindible iniciativa, proyecto y espacio. Larga vida al recién nacido Teatro del Barrio. 

El diccionario

A veces me pasa: voy al teatro  y salgo con una sensación enorme de gratitud. Agradeciendo que haya personas que dediquen su tiempo y esfuerzo a contarnos historias, cuidando cada palabra, cada gesto, cada silencio. Ayer fui a ver El diccionario en el Teatro de la Abadía y salí muy emocionada. Precioso homenaje a María Moliner que encierra además toda una reflexión sobre la medicina y la enfermedad, la pérdida de la memoria, la libertad. Una de esas obras que  una desea pudiera ver absolutamente todo el mundo: imperdible, magnífica, preciosísima. Inolvidable Vicky Peña en el papel de María Moliner. Hoy me siento agradecida de que alguien me recuerde la importancia de elegir bien las palabras, de escribir en silencio o incluso no escribir. Callar en tiempos convulsos no significa ser cómplice. Gracias María Moliner por tu obra y tu vida, y gracias al Teatro de la Abadía por contarnosla.        

Viejos tiempos, de Harold Pinter

Historia de un triángulo contada de forma circular. Así es la obra Viejos tiempos, de Harold Pinter: redonda. Y triangular. La historia comienza con dos personajes, marido y mujer, que esperan la llegada de una vieja amiga de ella, a la que hace más de veinte años que no ve. Evocaciones y recuerdos se van enlazando en un pasado que sigue presente, girando en torno al perpetuo triángulo que tan a menudo son las relaciones de pareja. La obra me hizo sentir muchas cosas. Esa inquietud que sentimos a veces al reencontrarnos con alguien muy cercano a nosotras en otros tiempos de nuestra vida, ese deseo de compartir recuerdos pero también ese temor a que ella o él nos muestre algo de nosotras mismas que no queremos recordar. O que incluso dudamos fuera real. Esa admiración, mezcla de deseo y envidia, que a veces sentimos por una mejor amiga más bella o simplemente más alegre y locuaz. Esa forma de tergiversar las historias cuando intentamos narrar nuestro pasado sentimental. Ese barniz del resplandor del otro …

Kafkiana como las literas del Ikea

Kafkiana: Se aplica a las situaciones absurdas y complicadas, por referencia al universo angustioso y opresivo descrito por este autor. Vicente Camacho además de actor es un gran admirador de Kafka. Llevaba muchos años soñando con montar una obra basada en La colonia penitenciaria. Cuando su amigo Rafa compró una de esas camas altas que según Ikea son “ideales para los dormitorios pequeños porque aprovechan doblemente el suelo” y la montó en una habitación mínima Vicente no pudo evitar verbalizar en alto la inmediata asociación de ideas que pasó por su mente: “más que una litera parece la cámara de tortura que diseñó el mísmisimo Kafka para la colonia penitenciaria“. Como era de prever el bueno de Rafa pronto se hartó de dormir en lo alto de aquel artilugio no apto para claustrofóbicos ni temerosos de dormir en un ataúd y la ofreció a sus amigos. ¿Alguién quiere la litera del Ikea? Pocas semanas después la litera pasó todo un proceso digno de los mejores piratas de Ikea. Fue tuneada hasta convertirse en una máquina de tortura bastante similar a la que diseñó Kafka para la …

Elling

La obra  empieza cuando Elling (el gran Carmelo Gómez)  ingresa en el hospital psiquiátrico y conoce a su compañero de habitación (genial Javier Gutierrez). Este le pregunta por qué le han ingresado. “Por nada”, responde Elling. “A mi también me ingresaron por nada”. Dos años y medio más tarde salen los dos del manicomio para vivir en un piso protegido. Las enormes dificultades que tienen estos dos personajes para la vida cotidiana (“para que vas a salir a la calle si tienes una casa”) son el eje de la obra, que en realidad es todo un canto a la amistad. Tierna y muy divertida, Elling me encantó porque refleja muy bien la realidad de muchísimas personas que padecen una enfermedad mental. Con toda su dignidad, con su lucidez a ratos y con su desconcierto otras veces, absolutamente cómicos otras muchas veces, la obra muestra muy bien los pequeños dramas, las dificultades para cosas tan sencillas como coger el teléfono o concertar una cita, la conciencia de enfermedad y el miedo al rechazo. Si algo he …