All posts tagged: esperanza

Arno Stern y su amorosa mirada sobre el juego de pintar

La semana pasada Arno Stern me recibió en su atelier de Paris: el Closlieu. Desde que salí de allí a las once de la noche y empecé a caminar bajo la fina lluvia por Montparnasse llevo buscando las palabras para escribir esta entrada. No me resulta sencillo. Tal vez porque salí profundamente conmovida, sintiendo gratitud y esperanza a partes iguales. Dos horas antes, a las nueve, Arno me abrió la puerta del Closlieu y directamente comenzó a contarme como empezó a facilitar que los niños de un orfanato francés pintaran, allá por 1944, y lo que ha aprendido desde entonces. El y Michéle, su mujer, me ofrecieron toda una clase magistral. Yo le escuchaba esforzándome por hacerlo con atención plena intentando que no me distrajera mi emoción ni mis pensamientos sobre como es posible que este hombre de 95 años se conserve tan lúcido y vital. Casi lo logré. En varias ocasiones noté como se deslizaban las lágrimas por mis mejillas. Sus palabras me estaban impactando profundamente, todo mi cuerpo sentía que lo que él …

Una revolución en toda regla (Period. End of sentence)

“Soy un poquito feminista” . Lo dice una de las mujeres indias que sale en esta joya de documental que  acaba de ganar el Oscar al mejor documental: “Period: end of sentence”. El título original es un juego de palabras: periodo, que en inglés significa también punto, debería señalar el final de la frase pero no el final de los estudios de ninguna chica. Porque allí en India todavía muchas mujeres dejan los estudios cuando empiezan a menstruar. Entre otras cosas por lo difícil que les resulta cambiarse o no mancharse. El documental cuenta la historia de unas mujeres que deciden montar una pequeña fábrica, practicamente artesanal, de compresas. Se puede ver en Netflix. Es sencillo, bonito, alegre y me ha dejado una sonrisa puesta. Como no sonreír al ver la que van liando estas mujeres en sus pueblos… Como dijo la directora al recoger el Oscar: “No me puedo creer que una película sobre la regla haya ganado el Oscar“. Yo tampoco.    

Cerrado por vacaciones

Recuperar la alegría. Celebrar su tímido pero imparable regreso. Dormir a pierna suelta. Oler la tierra al atardecer. Sonreír a los girasoles. Nadar a diario en un río, o en varios. Leer. Dejar las redes. Sufrir un poco menos. Ver tres crías de jabalíes en medio de la noche y, después, un tejón. Saludar a otras mamíferas. Aceptar que todo cambia y que no me es posible cuidar tantas relaciones. Mandar abrazos en la distancia, en secreto y con todo el alma. Sin despedidas, hasta que la vida nos vuelva a cruzar. Matar moscas y preguntarme quien soy yo para ejecutar insectos. Soñar nítidamente. Regar un huerto y descubrir que las acelgas cuando crecen parecen carnívoras. Observar las montañas. Con silencio en la mirada.      

Maternando la esperanza

La semana pasada pude visitar un proyecto llamando Maternando, en Burjassot, Valencia. Sobre el papel es un centro de día para adolescentes embarazadas que “pretende ofrecer una respuesta efectiva y realista a la herencia social que reciben las y los jóvenes que provienen de contextos socio-económicos de vulnerabilidad y exclusión social“. En realidad es mucho más. Es un espacio y un lugar para madres jovencísimas, adolescentes, gitanas o payas. Un lugar donde pueden descansar (dormir incluso un par de horas mientras alguien cuida a sus bebés), donde las educadoras se trabajan el no enjuiciar, y donde, sobre todo, se trata de ayudar a construir vínculos, lo que a veces también pasa por hacer duelos dificilísimos cuando se les retira la custodia de sus bebés… Todo ese trabajo es tremendamente difícil en circunstancias tan adversas y dentro de un sistema que percibe a estas madres como peligrosas y que ni siquiera reconoce a la diada madre bebé como unidad. En una sociedad que se olvida de las madres jovenes y sin recursos. Aquí y para ayudarles …

La serie más bonita: Los Durrell

Disfruté tanto en mi adolescencia leyendo la trilogía de Corfú que ha sido maravilloso descubrir esta serie, Los Durrell. Basada en aquellos libros del naturalista Gerald Durrell con títulos insuperables: “Mi familia  y otros animales“, “Bichos y demás parientes” y “El jardín de los dioses“; la serie recrea la vida de esa madre inglesa que en los años treinta decidió irse con sus cuatro hijos a vivir a la, entonces paradisíaca, isla griega de Corfú. Los libros me hicieron reir tantísimo que son de los pocos que he releído en mi vida. La serie es simple y llanamente deliciosa.  Disponible en Filmin, me parece absolutamente recomendable para reconectarse con la alegría de vivir en esta primavera lluviosa. Divertidísima y llena de amor por la naturaleza y los bichos. No sé cuantas veces voy a volver a verla, seguro que unas cuantas. Os dejo el trailer.  

Honduras: las valientes en peligro de extinción

Este lunes tuve la suerte de poder conocer y escuchar a Laura Zuñiga Cáceres, la hija menor de la llorada Berta Cáceres, en un coloquio organizado por Amnistía Internacional dentro de su campaña dedicada a las valientes defensoras de los derechos humanos que a menudo se juegan la vida en su activismo imprescindible. Me emocionó mucho escucharla. Laura contó como se crió con el activismo en casa: el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) se fundó hace ahora vienticinco años, cuando ella ni siquiera tenía un año. Creció viendo como su madre Berta al igual que muchas otras personas de su comunidad se dejaban la piel denunciando la agresión a sus pueblos y sobre todo a su entorno natural, los preciosos bosques y selvas hondureños. Laura nos acercó a la historia que han vivido en Honduras. Como desde el movimiento de base fueron construyendo políticamente, avanzando en la compresión de que era necesaria una reforma completa del país, más cuidadosa con las mujeres y los niños y las niñas, con los …

Insomnios cotidianos

Vivo en una calle sin coches, llena de gatos. Con pequeñas casas bajas y humildes, a un lado, y bloques feos y sin balcones al otro. Un trozo de pueblo viejo ahora rodeado de barrios de ricos en Madrid. Esperanza, se llama. La otra tarde falleció mi vecino en su casa, al anochecer, tras noventa años de vida, los últimos sin memoria apenas. Su mujer se había negado a llevarle a una residencia a pesar de lo tremendamente difícil que era cuidarle. “¿Cómo voy a abandonarle ahora si llevamos toda la vida juntos?” me decía ella. Sólo accedió a que fuera a un centro de día unas horas por las mañana, “así al menos puedo hacer la compra y la comida“. El niño, como ella le decía,  salía cada mañana para ir al centro de día en su silla de ruedas y ella le despedía con un beso en los labios. Coincidíamos muchos días, a veces se me saltaban las lágrimas viéndolos. Ahora mis tres vecinas son viudas, la más joven tiene 88 años. Charlamos …