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Proyecto Snoru o la misteriosa conciencia prenatal

Ultimamente ando estudiando sobre el misterioso, desconocido y fascinante mundo de la memoria prenatal. ¿Qué recuerdo conservamos de nuestra vida intrauterina?¿Dónde se almacena esa memoria?¿Es posible acceder a ella? Las respuestas varían. La mayoría de los investigadores que se han sumergido en este área lo han hecho con herramientas como la hipnosis, rescatando memorias y sensaciones en personas adultas que podrían corresponderse con recuerdos prenatales. Los relatos son francamente interesantes, pero eso nada nos dice en cuanto a la pregunta inicial, ¿son realmente recuerdos prenatales o más bien fantasías o sugestiones? ¿Esas memorias, son celulares, corporales, inconscientes?¿Dónde y como se almacenan? La pregunta nos lleva inevitablemente a otra más dificil todavía: ¿en que momento empieza la consciencia? Creo que todos estos territorios relacionados con el inicio de la vida humana permanecen todavía más inexplorados e inaccesibles que las profundísimas simas oceánicas. Conforme avanzo en mi propia investigación artesanal al respecto se va despertando en mi un sentimiento, una emoción, para la que no encuentro palabras. Tal vez investigar el origen de la conciencia humana desde …

“No, mamá, no”, una joya de Verity Bargate

«Lo que más me sorprendió cuando me enseñaron a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada» Así empieza esta novela que acabo de devorar.  La protagonista anhelaba tener una niña y se encuentra con que su segundo hijo es otro varón. “Pequeña obra maestra” dice la contraportada y no exagera. Escrita en primera persona, resulta imposible no identificarse con la protagonista. Tan lúcida y loca como muchas de nosotras cuando transitamos ese desierto lunar llamado puerperio. Me parece imposible describirlo mejor. Varias veces alude a “En Gran Centra Station me senté y lloré”, esa joya de Elizabeth Smart, su novela favorita, y a la que sin duda recuerda mucho: me ha parecido igual de buena. “No, mamá, no” es de esos libros que me hacen sentir envidia: ¡qué maravilla escribir así! Os la recomiendo fervientemente.  

“Patria” de Fernando Aramburu.

Hay novelas que llevas media vida esperando leer. “Patria” de Fernando Aramburu es una de ellas. Incluso desde mucho tiempo antes de que se escribiera; yo llevo querendo leyerla creo que desde mi adolescencia en Pamplona, cuando comprendí y sentí que había “temas” de los que era mejor no hablar. Que vergüenza siento al recordar mi, nuestro silencio en tantas ocasiones. Cuanto tardamos en salir a la calle para decir BASTA YA a la violencia y en acompañar a las víctimas. Cuanto nos queda aún por hacer, nombrar y sanar. Y es que Patria es una novela inmensa que explica mucho de lo que hemos vivido en País Vasco y Navarra durante demasiadas décadas. Es la historia de dos familias, tan cercanas que me parecía conocerles de toda la vida. Y de como el discurso nacionalista va alimentando la exclusión y el odio, y lo que yo en realidad llamaría racismo. De como unos llegan a justificar matar a otros y como otros muchos callan o justifican lo injustificable. Lo mejor en mi opinión es …

La primavera nudista

Creo que mi padre nunca planeó ser un revolucionario, mucho menos un nudista famoso. Jamás salía desnudo del baño tras la ducha igual que tampoco levantaba la voz en las cenas navideñas cuando sus cuñados más conservadores criticaban encendidamente a los jóvenes políticos que por aquella época prometían acabar con la corrupción y que él secretamente admiraba. Era callado y bastante gruñón cuando le interrumpíamos sin aviso. Pasaba la mayor parte del tiempo libre en su despacho estudiando medicina y cuando su trabajo como jefe del servicio de urgencias despertaba el interés o la admiración de los vecinos le quitaba rápidamente cualquier valor aduciendo “el mérito lo tienen los que van en las ambulancias o los que tienen que operar bajo las bombas, lo nuestro está chupado”. A nosotras nos daba abrazos de cosquillas o nos cantaba canciones más viejas que la tos antes de dormir. No nos dedicaba mucho tiempo pero nos pedía ayuda siempre que se ponía a cocinar y mientras pelábamos patatas o destripábamos calamares se interesaba por nuestras historias escolares y …

La vida que no quería vivir

La vida que yo no quería vivir ocupaba por aquel entonces la mayor parte de mi tiempo. Tenía que viajar mucho: trabajaba como comercial de fertilizantes y pesticidas para una empresa de levaduras francesa. Recorría el país de arriba abajo una y otra vez alojándome siempre en aquellos hoteles modernos que ahora recuerdo en blanco y negro. Comía con mis clientes en restaurantes ruidosos y solía cenar solo en las barras de los bares: patatas bravas, sándwiches mixtos o rabas y unas cuantas cañas de cerveza mientras comentaba el partido de fútbol de turno con algún camarero local. ¡Ah los camareros, cuánto me enseñaron en aquellos tiempos! Yo por aquel entonces era joven y atlético, ellos casi siempre me superaban en años y en kilos pero sobre todo en ironía. Tal vez fuera eso que más me gustaba de la vida que yo no quería vivir: aquel despliegue de humor negro y parsimonia que a menudo demostraban los únicos testigos de mi creciente soledad. Fue en una de aquellas barras donde me la encontré. Hizo …

Intercambio de casas y camas

ELENA Una casa en una aldea en las montañas. Parecía una estampa sacada de un cuento infantil: las imágenes en la web mostraban vuestro zaguán, el castaño junto a la fachada izquierda, la puerta de madera pintada de verde, el amplio ventanal que se abría al prado, la montaña sosteniendo vuestra casa de piedra como las ostras que abriéndose muestran sus perlas. Hasta se adivinaba el humo saliendo por la chimenea. No sé qué pudisteis ver vosotros en nuestro pequeño piso a cinco minutos de la Puerta del Sol donde el silencio es impensable y la naturaleza una fantasía de plástico en macetas.  Quiero imaginar que fue Claire, tu mujer holandesa, la que decidió que era un buen intercambio para vosotros, una oportunidad de pasar unos días en la capital lejos de Asturias hartándoos de museos y librerías y me imagino que hasta espectáculos con vuestras dos hijas. Para nosotros que llevábamos ya tiempo metidos en esto del intercambio de casas fue sencillo. La vuestra reunía todo lo que buscábamos para nuestras vacaciones de Semana …

Enterrados

Aquella tarde de sus 17 años Nacho llegaba muy justo a entrenar a su equipo de baloncesto, pero cuando vio de lejos la aglomeración de gente delante del Monumento a los Caídos decidió acercarse. No era habitual ver gente detenida allí a pesar de la cantidad de personas que transitaban por sus alrededores a diario. Conforme se acercaba vio una serie de personas tumbadas en el suelo, algunas parecían medio cubiertas por telas, otras no, y aún sintió más curiosidad. Al llegar se colocó en primera fila y observó con atención. Lloviznaba. Un hombre joven, vestido de negro, con barba y tatuajes, iba ayudando a las personas a tumbarse en el suelo. Algunos llevaban chubasqueros o telas de plástico oscuro, la mayoría iban descalzos. Muchos eran ancianos. Cuando hubo terminado de colocarles el hombre joven se cargó un saco de tierra al hombro y se acercó a la primera persona que yacía en el suelo, una mujer mayor. Abrió el saco y empezó a cubrir el cuerpo con la tierra negra, primero arrodillado con las …