infancia, psiquiatría infantil
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Arno Stern y su amorosa mirada sobre el juego de pintar

La semana pasada Arno Stern me recibió en su atelier de Paris: el Closlieu. Desde que salí de allí a las once de la noche y empecé a caminar bajo la fina lluvia por Montparnasse llevo buscando las palabras para escribir esta entrada. No me resulta sencillo. Tal vez porque salí profundamente conmovida, sintiendo gratitud y esperanza a partes iguales. Dos horas antes, a las nueve, Arno me abrió la puerta del Closlieu y directamente comenzó a contarme como empezó a facilitar que los niños de un orfanato francés pintaran, allá por 1944, y lo que ha aprendido desde entonces. El y Michéle, su mujer, me ofrecieron toda una clase magistral.

Yo le escuchaba esforzándome por hacerlo con atención plena intentando que no me distrajera mi emoción ni mis pensamientos sobre como es posible que este hombre de 95 años se conserve tan lúcido y vital. Casi lo logré. En varias ocasiones noté como se deslizaban las lágrimas por mis mejillas. Sus palabras me estaban impactando profundamente, todo mi cuerpo sentía que lo que él decía era cierto. Su descubrimiento encierra una profunda verdad. Los niños, cuando pueden dibujar sin sentirse juzgados ni observados, cuando pueden trazar con el pincel sobre el papel en blanco sin que nadie les corrija ni les pregunte que es lo que han plasmado, cuando eso que pintan no cumple ningún propósito ni va a ser evaluado ni utilizado de ninguna manera, cuando todas esas condiciones se facilitan como Arno ha hecho desde hace más de setenta años con infinidad de niños y niñas, hacen algo que no es arte ni comunicación, sino algo íntimo y a la vez universal. Cuando trazan con esa libertad y esa confianza, se produce un proceso muy similar en todos, que Arno lleva observando e investigando casi toda su vida. Lo que llama la Formulación, y según él, tiene que ver con la expresión de la Memoria Orgánica:

La Formulación refleja la evolución del organismo: el feto está absolutamente concentrado en su formación y desarrollo… Su origen está en la Memoria Orgánica: es decir, en el archivo de registros que han ido acompañando la formación del organismo en su desarrollo programado (pág.120)

El juego de la formulación es una constante oscilación entre el proceso intencional y una manifestación espontánea cuya fuente está situada en las profundidades del organismo (pág. 87)

Resumir el trabajo de Arno Stern es imposible, pero os recomiendo este libro suyo precioso que acaba de publicarse en castellano: “Feliz como un niño que pinta” (Trampa ediciones) del cual he extraído todas las citas que acompañan esta entrada.

Para mi su trabajo es de una importancia enorme, y sus aplicaciones van mucho más allá de como facilitar que los niños jueguen a pintar. Arno me parece genial en muchos sentidos, pero creo que lo que más me admira es su mirada amorosa sobre la infancia. Cómo fue capaz de crear ese espacio sin juzgar ni comentar nunca lo que dibujaban los niños y niñas. Me contó que el director del orfanato donde empezó su trabajo le dijo que pidiera a los niños tres dibujos: de si mismos, de su familia y el tercero libre. El pensó que los dos primeros seguramente tenían alguna otra finalidad, el director era psicoanalista y querría investigar sobre como se veían así mismos aquellos niños huérfanos de la Segunda Guerra Mundial. En vez de eso Arno decidió pedirles sólo que dibujaran libremente, y se volcó en facilitarles que lo hicieran.  Comenzó así a observarles con absoluto respeto, y con los años vio que había un patrón común a todos aquellos dibujos, que lo que hacían “ni era arte ni era infantil” y comenzó a investigar sobre aquel fenómeno que se desplegaba en su atelier. Lo que siguen son algunas citas de su libro:

Yo nunca pregunto a los niños acerca de lo que trazan, y, en consecuencia, nadie comenta su cuadro, como tampoco el de los demás. (Pág 99)

Lo esencial nunca se manifiesta de modo fortuito, sino a través de una gran insistencia. (Pag91)

Es tan simple y a la vez tan poco común.  (Pag 24)

En el momento en que se dan las condiciones que lo permiten, las facultades anquilosadas despiertan en todas las personas sin excepción.  (Pag 29)

Su lección es auténtica y reconoce la importancia del deseo, de respetar la espontaneidad, ese tesoro que brota en su máxima expresión cuando los niños juegan o pintan. Lo que conlleva también se conscientes de la magnitud del drama, de hasta que punto se reprime esa espontaneidad en los más pequeños cuando se les enseña a pintar o cuando se les pone a colorear fichas o se les corrige en el dibujo diciéndolos como tienen que hacerlo mejor…Todo esto va mucho más allá, significa inevitablemente criticar el modelo imperante actual:

“Te han dicho que el mejor gana y que debes desear ser el mejor. En esa carrera por el éxito has desaprendido la serenidad. Has llegado a ser tan dependiente de quienes te juzgan que ni siquiera concibes un acto sin resultados cuantificables” (pág. 31)

“Confundes esfuerzo con molestia.  Como han hecho de ti un consumidor, crees que hay que innovar, cambiar, hacer experimentos, experimentos siempre variados…Ser competitivos, digámoslo sin rodeos, consiste en suplantar a los otros. Y eso significa darse a uno mismo los medios necesarios para quitarles el sitio a los demás…Tu condición de alumno dócil devendrá en el futuro tu condición de adulto dependiente, deseando lo que ellos te proponen, aceptándolo como una ventaja, como la buena nota que se otorga al mas obediente. (pág. 56)

He tardado días en comprender porqué lloré sin apenas darme cuenta mientras Arno Stern me hablaba, porqué brotaron mis lágrimas de aquella forma silenciosa y casi imperceptible. Primero pensé que lloraba por todos los niños a los que como psiquiatra pedí que me dibujaran a sus familias o sus casas, en todas las veces que les pregunté que significaba esto o lo otro, por mis hijos (y sus dibujos que con tanto cariño atesoro), por todos los niños a los que a diario coartamos -desde la ignorancia, insiste Stern- su deseo de expresión más genuino. Pero, aunque eso es cierto, creo que había algo más. Y es que creo que lo que él descubre, que para mí tiene que ver con la importancia de respetar el deseo y facilitar su potencia creativa, se da en muchos otros ámbitos (como la atención al parto, sin ir más lejos). La investigación, cuando no viene acompañada o precedida de esa mirada amorosa libre de juicios, puede ser muy tramposa, incluso dañina.

Y esa mirada amorosa, cuidadosa, sin juicios…Nos cuesta tanto tenerla, que cuando la percibimos nos conmueve profundamente. De ahí brotaban mis lágrimas, creo.

PD: Le regalé a Arno un ejemplar de mi libro “Parir”, donde, en el capítulo “Nacer” explico que su impresión del probable origen perinatal de la memoria orgánica me parece muy acertada.

PD2: Como sucede en los momentos más mágicos y sagrados, ni se me pasó por la cabeza sacar fotos.

4 Comments

  1. Hola Ibone, esta reflexión me llega en el momento justo para seguir dando fuerza a la espontaneidad por encima de otros aspectos restrictivos y limitantes. Soy maestra de educación especial y últimamente estoy haciendo conscientes modos de ser y de hacer q ni yo misma reconocía, cogiendo impulso toda esta parte intuitiva tan enriquecedora. Tu libro me dió mucha luz de cara a mi parto y posterior maternidad, pero el camino es duro y las dudas asaltan con demasiada frecuencia. Solo me queda estar atenta y dejarme ser. Mil gracias por tus palabras y tus percepciones, haces que mi mundo tome tintes mágicos y sienta q estoy en el camino adecuado. Un abrazo, Esti.

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