sjezerLos bebés sienten, escuchan, perciben, saben, entienden, se emocionan, expresan, comunican. Los bebés aman. Dan. Ofrecen sonrisas, caricias, miradas, balbuceos. Regalan. Movilizan. Llenan. Los bebés tienen una presencia transformadora para los que les rodean, quieren y cuidan.

Sin embargo, la negación que el mundo actual hace de las capacidades de los recién nacidos y bebés es brutal, tremenda y dramática. De forma bastante generalizada, se les (mal)trata como si no se enterasen de nada y como si no fueran a recordar nada. Pero no es así, lo que vivimos como bebés queda muy grabado en nuestra memoria aunque no se archive en forma de palabras. Son memorias preverbales, y precisamente por eso, corporales. Todos y todas llevamos en nuestro cuerpo y en nuestra piel recuerdos de cuando fuimos bebés.

Los bebés perciben la emoción de las personas que les rodean. Saben perfectamente si quien les cuida o atiende está alegre y confiada o si, por el contrario, está triste o estresada. Por eso me parece tan importante, cuando hablo con compañeros pediatras, enfermeras, matronas, pedirles que, por favor, hablen con los bebés. Que les expliquen las cosas igual que hacen con el resto de pacientes. Que no sólo se dirijan a las madres o padres: que hablen directamente a los bebés. Pero, claro está, hay que saber como hacerlo.

El tiempo de los bebés es lento. Primeramente hay que saber escucharles: con tiempo, sin prisa, en silencio, con atención plena. Los bebés, como todo el mundo, necesitan saber lo que les va a ocurrir, especialmente si se les separa de su madre o si transitoriamente no se puede atender todas sus necesidades. Entonces es importantísimo anticiparles los cambios, explicarles lo que va a suceder o se les va a hacer.

Una propuesta para un trato de los sanitarios sensible y respetuoso con los bebés necesariamente debe de incluir:

  • Saludarles, presentarnos, honrarles, decirles:  «- ¡Hola bebé!, estoy aquí, te escucho, si quieres te cuento«. O mejor aún: «¡Hola bebé», te reconozco, sé quien eres y de donde vienes, reconozco tu presencia, bienvenido, me encanta estar aquí contigo ahora».
  • Con tiempo y lentamente, anticiparles, para que se puedan preparar para lo que viene. Por ejemplo: «– Te tenemos que explorar. Lo haremos aquí mismo, junto a mamá y papá, te vamos a desnudar para comprobar tu estado general. No temas, será poco tiempo, luego te volveremos a dejar con mamá«
  • Contacto ocular: respétalo. A veces los bebés están tan abrumados por todo lo que perciben que no miran a los ojos para  poder procesar o para protegerse de la sobrestimulación sensorial. Si están traumatizado (por ejemplo por el parto) pueden tardan más en mirar, o directamente evitan el contacto ocular con ciertas personas. En esos casos se les puede decir algo como:  “- Veo que miras para otro lado, quiero que sepas que estoy aquí, cuando estés listo, no hay prisa»  o “-Te entiendo, no necesito que me hagas feliz, aquí estoy para lo que haga falta
  • Despedirse, siempre. En la maternidad o en pediatría, no irnos de la habitación si el bebé llora y su madre o padre no reaccionan consolándole: en ese caso animar a los padres a consolar al bebé, reconociendo y o nombrando todo lo que hacen bien.

Los bebés necesitan tiempo. Aprender a escucharles significa ofrecerles presencia. Hay escuelas clásicas de observación de bebés y profesionales maravillosas de la escucha (como mi querida María Emilia Dip). De ellas sigo aprendiendo, y termino pensando que escuchar a los bebés es un acto profundamente revolucionario. O al menos el que yo elijo. Más aún en estos días.

Namasté bebé! (Reconozco lo divino en ti)

Con el pequeño Leo

 

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6 comentarios en “Escuchar a los bebés es un acto revolucionario”

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