Carta a médico (a) en UCI Covid: cuidarse para cuidar, o «el más difícil todavía»

Querido (a) colega intensivista, internista, anestesista, neumólogo, médico de familia, otorrino, residente…:

Estás ahí, atendiendo la emergencia de la pandemia en primera línea, y casi da igual cual sea tu especialidad. En los cuidados intensivos o en las urgencias, trabajando sin parar apenas para tratar a tantísimos enfermos, intentando que no mueran. Te he oído decir que ir a trabajar ahora a la Uci es casi como ir al infierno. Nos has contado algunas cosas tan duras como que en un momento dado estabas tan agotada que pensaste “ojalá me coja el virus y así al menos podré descansar dos semanas”. Que a veces te daban ganas de tumbarte en un rincón en el suelo de la UCI para encogerte y llorar en posición fetal. Te he oído hablar en los medios y en las redes, donde cuentas, contáis, que no podéis atender con calma a todos los pacientes que os llegan, que mientras os volcáis en un enfermo otro se queda sin intubación o sin cama de UCI porque simplemente no es posible, no hay médicos ni recursos para atender a tantos enfermos graves a la vez.

Sé que, a veces, te atormenta la culpa y te preguntas si alguno de tus pacientes falleció por una omisión tuya. Obsesivamente piensas si el resultado hubiera sido diferente si hubieras hecho algo diferente. A ratos, te sientes desbordado y muy triste. Duermes regular tirando a mal pese a estar agotado.  Por eso, te escribo estas líneas porque, aunque seguramente ya lo sabes, es importante decirte y recordarte que:  lo estás haciendo muy bien, estás haciendo un esfuerzo titánico, es imposible hacerlo mejor. ¡Gracias de corazón!

No todo depende de ti. Incluso si tú haces todo y más, muchos pacientes Covid morirán. Simplemente no está en tus manos evitar todas las muertes. Entre otras cosas, tú no tienes la culpa de que no haya suficientes medios materiales para la atención, por favor no lo olvides. Con frecuencia los médicos caemos en la trampa de la omnipotencia, de pensar que podemos trabajar sin descansar durante días porque creemos que todo depende de nosotros o porque nuestros pacientes nos necesitan más que a nadie. Se nos olvida que nunca es así. Más allá de nuestras creencias, está bien recordarnos que la vida es un misterio, que nunca sabremos porqué a veces podemos ayudar a gente a seguir viviendo y quedarse a este lado y otras no. ¡Cuánto duele esto! Los psiquiatras en ocasiones perdemos a nuestros pacientes por suicidio; es durísimo y cuesta, pero tenemos que aprender a aceptar algo tan simple. Incluso si hacemos todo bien hay pacientes que fallecen porque su vida no está en nuestros manos, ni  en la de nadie.

Necesito recordarte que incluso en las condiciones más adversas, en la guardia más dura o en la urgencia más colapsada, es importantísimo que dediques tiempo y espacio a cuidarte. Algo que a la mayoría no nos enseñaron en la Facultad de Medicina, por eso nos cuesta tanto. Casi me atrevo a decir que incluso está mal visto; nuestra cultura sobrevalora la entrega, como ahora que a la sociedad le ha dado por llamaros héroes, sin comprender que a veces esa entrega más que una heroicidad ejemplar es un sacrificio o un martirio inconscientemente elegido.

Como psiquiatra, creo que sé de lo que hablo, yo también me quemé trabajando en las trincheras del sufrimiento humano, pensando que si mi esfuerzo aliviaba el sufrimiento de otros merecía la pena. No era consciente del precio altísimo que por esa entrega pagamos yo y los míos, he tardado años en verlo. A los médicos con frecuencia nos da vergüenza pedir ayuda para nuestro sufrimiento. Pensamos que por ser médicos tendríamos que ser capaces de llevarlo bien. Muchos compañeros nos consultáis a los psiquiatras, habitualmente en los pasillos o en las madrugadas de las guardias, comentáis lo mal que lo pasáis o como os afecta. Casi siempre, estas revelaciones se disfrazan de humor o de ironía. Nos cuesta mucho que comprendáis que necesitáis ayuda y, más aún, que aceptéis una psicoterapia o un tratamiento psiquiátrico.

En las clases que imparto en primero de medicina, de psicología médica, suelo empezar por ahí: intentando transmitir a los futuros médicos que, si no nos cuidamos es difícil (por no decir imposible) que podamos cuidar bien. Ser médicos no nos protege de la enfermedad, más bien al contrario, nos expone más a algunos tipos de enfermedad mental. Los médicos tenemos un riesgo mayor de padecer depresión, de consumir tóxicos y, según que especialidades, de morir por suicidio. Es muy duro nombrarlo, pero precisamente por ello es imprescindible cuidarse. Solo desde el reconocimiento de nuestra fragilidad podemos dedicar tiempo y ganas a cuidarnos. Lo primero es saber que hay límites y conocer bien los propios, aceptarlos y no vivirlos como una flaqueza o una debilidad.  Aquí van algunas cosas que con los años he comprendido:

  1. Una de las claves es aprender desde muy temprano a escuchar nuestro cuerpo y nuestras emociones, a ser conscientes de que, igual que es bueno hacer deporte o llevar una dieta equilibrada, es necesario dedicar tiempo a ver cómo estamos y qué nos pasa en relación con el ejercicio de nuestra profesión. Para ello suelo recomendar empezar con algunos ejercicios básicos. (Si has hecho antes o practicas habitualmente meditación o mindfulness te parecerán muy sencillos.) Este video de cómo meditar en un minuto me parece buenísimo. Te animo a verlo y practicarlo varias veces al día; por ejemplo, antes de entrar a trabajar, seguido de una pequeña introspección. Es muy sencillo: cierras los ojos y llevas tu atención a la respiración durante un minuto y simplemente revisas cómo te sientes aquí y ahora. Si identificas que estás enfadado, agotado, triste o decepcionado… ¡estupendo! No lo juzgues. Igual en ese momento no puedes hacer nada al respecto porque te toca atender a otros, pero ya solo saber cómo estás y que te pasa te permitirá ocuparte de esa emoción en otro momento. A veces es muy útil escribirlo, puede ser una nota en el móvil o un audio, simplemente algo como: “hoy jueves antes de entrar a currar me doy cuenta de que estoy enfadadísimo con esta persona por aquello que paso el otro día”. Ya está, lo registras y lo guardas para cuando puedas ocuparte de ello.
  2. Para prevenir el trauma, es importante comprender cómo se produce. Básicamente el trauma psíquico sucede cuando nos pasa algo que nos desborda por completo y no tenemos consuelo ni contención alguna de otro ser humano. Lo traumático a veces es ser testigo de algo que le pasa a otro/a, el llamado trauma vicario. Puede ser traumático ver morir a alguien por asfixia, sin acompañamiento ni alivio apenas. El trauma se da cuando algo supera nuestra capacidad de afrontamiento, sobre todo porque no tenemos a los demás, a nuestros seres queridos con nosotros para consolarnos y abrazarnos. Por eso, es muy importante incluso si estamos solos hablarlo, sacarlo, contárselo en cuanto podamos a quien nos pueda consolar y contener, con quien podamos llorar. A veces simplemente grabarlo, de nuevo en un audio, para más tarde poder contarlo y compartirlo.
  3. Hay que recordar que el cuerpo tiene sus maneras de prevenir el trauma, todas ellas muy saludables. Una de las principales es sacudírselo de encima, literalmente (por eso los temblores en muchas situaciones traumáticas o al recordarlas). Así que en estos días en que estás tan expuesto es especialmente importante sacudir el cuerpo: bailando, o teniendo orgasmos. (Si quieres saber más al respecto te recomiendo la obra de Peter Levine).
  4. Hay ejercicios que han demostrado su eficacia para prevenir el estrés postraumático. Uno es el ejercicio físico aeróbico. Si puedes dedicar un rato a hacer ejercicio perfecto. Hay evidencia de que algunos videojuegos sirven para prevenir que las imágenes traumáticas queden demasiado grabadas en el cerebro. Si, hay estudios que demuestran por ejemplo que jugar al Tetris ayuda a prevenir el trastorno de estrés postraumático. Aunque parezca una tontería, jugar quince minutos al Tetris cada día parece servir cuando se está muy expuesto al trauma.
  5. La palabra y la narrativa, la construcción del relato, el sentido que le damos a lo que vivimos son fundamentales. La medicina narrativa, que seguramente ya conoces, nos ayuda a expresar lo que vivimos como médicos. Si te sientes cómodo escribiendo, te animo a llevar un pequeño diario en esta crisis, es esta web de Humanidades Médicas de Lisboa ofrecen un kit de medicina narrativa para Covid que está muy bien.
  6. Presta atención al alma. Sí, ya sé que muchos médicos dudamos de su existencia porque no la hemos podido ubicar aún en el cuerpo (seguramente esté fuera). Atender al alma implica apostar por la humanización de los cuidados, especialmente los intensivos y los paliativos. Cuidar los detalles como permitir que los ingresados vean a sus familiares por videoconferencia (acortando la distancia), tender la mano al moribundo, permitir que se despida de sus seres queridos, llorar con ellos la pérdida si surge el llanto, dedicar tiempo a la oración o la meditación, celebrar la vida y hablar de la muerte, de lo profundo y lo humano cuando surja…En este precioso texto de Pepe Zurita y Macarena Chías encontrarás herramientas muy buenas para afrontar el duelo en tiempos de pandemia.

En cualquier caso, aquí nos tienes a los psiquiatras, y también a los psicólogos y a otros profesionales de la salud mental, estamos para ayudarte. Yo confío en que de esta salgamos teniendo claro lo importante que es cuidarse para poder cuidar.

Te mando un fuerte abrazo.

Ibone

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6 comentarios en “Carta a médico (a) en UCI Covid: cuidarse para cuidar, o «el más difícil todavía»”

  1. Teresa Escudero

    Graaande, MAESTRA. Como decian por ahi, aplicable a tod@s l@s profesionales sanitari@s… Yo ya lo he compartido con tod@s l@s amig@s que tengo en primera linea. Gracias, SIEMPRE, por SER y por ESTAR!!!

  2. Me ha encantado tu carta, como todo lo que he leído tuyo Ibone. Me encanta acompañarte en este tramo de la vida.
    Un abrazo fuerte.
    Pepe

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