Carta a paciente aislado(a): la fragilidad en la convalescencia

Querido(a)  paciente:

Hace ya muchos días que no te escribo, aunque no he dejado de pensar en ti. Quiero imaginar que ya habrás pasado lo peor, que ya estarás en la convalecencia y que, aunque sigues aislado(a) ya debes de ver más cerca el fin del aislamiento. Tal vez hayas perdido a uno o varios seres queridos. Creo que por eso no te he escrito antes, porque si pienso en tu duelo me quedo sin palabras, siento que tal vez lo mejor ahora sea el silencio, o la escucha silenciosa. Silencio para respetar el duelo, para sentir la dimensión de tanta pérdida, para mandar amor en la distancia.

Pero luego recuerdo que en el duelo y en la convalecencia tan bien es importante la palabra, el consuelo, la comunicación, y finalmente me decido a escribirte de nuevo. Disculpa mi torpeza. Necesito decirte que no estás solo (a). Creo que somos mayoría los que en silencio pensamos en vosotros, los mas afectados, los enfermos, los convalecientes, los que afrontáis el duelo, los más heridos por este virus. Los que en medio de nuestra impotencia pensamos que tal vez sea mejor no decir mucho ahora, y sobre todo no criticar ni echar más leña al fuego.

Pero igual si hay cosas que decir. La enfermedad, la convalecencia trae una fragilidad que a menudo teníamos, tenemos olvidada. Esa fragilidad, esa sensación de que todo puede deshacerse o venirse abajo en cualquier momento, ese cansancio del alma que obliga a tomar aire muy despacio y centrarse en poco más que lo inmediato…También tiene alguna cosa buena. Por extraño que suene, creo que, estando más frágiles y con el alma quebradiza, también somos más capaces de percibir la belleza. Sin tantas corazas, cuando la enfermedad o la pérdida nos trastocan la vida, tal vez seamos más auténticos, más afines, más sensibles. No sé explicarlo de otra forma, tal vez no lo esté explicando si quiera…Pero creo de verdad que de alguna manera todo este horror que estamos viviendo y que algunos estáis sufriendo con muchísima dureza también nos traerá algunas perlas. ¿O tal vez sea un deseo mío, una esperanza, una ilusión de pensar que algo bueno tendrá que salir de todo esto? Puede ser, tiendo a ser bastante confiada…Pero igual ya lo notas, igual ahora detalles muy sencillos te hacen muy feliz, igual estás frágil y lloras a la mínima pero también sientes más alegría y mucha gratitud. Tal vez conforme te recuperas la vida te parezca más hermosa que antes.

¡Es tan duro que para prevenir el contagio tengáis que estar tan aislados! Es tan doloroso y triste que tanta gente no haya podido acompañar a vuestros seres queridos en la muerte…Cuando lo pienso siento el nudo en la garganta y las lágrimas al borde de mis ojos…Y a la vez, creo que es importante nombrar que todo esto se está haciendo por amor y generosidad. Que, si has renunciado a ver a tus seres queridos enfermos, o a acompañarlos en la muerte, ha sido para evitar otros contagios, para salvar otras vidas. Si has puesto la vida de los demás por encima y por delante de tu deseo y necesidad de estar con tu ser querido en sus últimos momentos, has sido tremendamente generoso. Que no te atormente la culpa, por favor. Que podamos reconocer tu sacrificio y agradecértelo como mereces. Que sepamos ver tanta generosidad y altruismo, tanta entrega y tanto amor.

¿Sabes una cosa? A lo largo de mis años de trabajo como psiquiatra he acompañado muchos duelos y algunas muertes. He escuchado a muchas personas contar detalles y vivencias que a día de hoy no podemos explicar científicamente. Pero yo creo que hay una conexión espiritual profunda entre las personas que se aman que hace que en el momento de la partida pasen cosas inexplicables y preciosas. Cosas como que haya gente que recupere la lucidez poco antes de morir, o que personas a muchos kilómetros de distancia sientan con nitidez y pena la partida de su ser querido a la hora exacta, mucho antes de que nadie les comunique esa muerte. Lo que he aprendido de todas esas experiencias es que tanto la muerte como la vida son un misterio, pero por encima de todo el amor siempre llega y sana, alivia y acompaña.

También he aprendido lo importante que es acompañar a los más pequeños en el duelo, lo necesario es que explicarles a los niños y niñas la muerte de sus seres queridos y permitirles participar de todo el proceso en familia. Ahora que las despedidas, celebraciones y funerales están casi prohibidas, es necesario encontrar otras maneras de facilitar los duelos. Crear pequeños rincones o altares de recuerdo, buscar fotos, pintar, cantar, escribir…En casa, en las macetas, en las ventanas o en el cielo, pero siempre incluyendo a los menores, dejando que ellos también expresen su pena, su rabia o sus preguntas…Dejándoles participar también se les deja dar; y suelen hacerlo muy bien, suelen dar en el clavo, suelen facilitar el llanto y la risa, el abrazo y la lágrima con toda su capacidad y espontaneidad.

Ojalá mis palabras te traigan un poco de ánimo y consuelo.

Con cariño,

Ibone

 

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