maternidad, medicina, opinión, parto, violencia obstétrica
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Traslado forzoso de parturienta al hospital: reflexiones a propósito de un caso

Ayer declaré como perito en el juzgado de Oviedo que lleva la denuncia de la mujer que fue trasladada forzosamente al HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias) para dar a luz en la semana 42 de su embarazo. El caso es paradigmático en muchos sentidos e ilustra muy bien la complejidad de todo lo que está aconteciendo actualmente en torno a la atención al embarazo, parto y nacimiento, pero también en lo que se refiere a los derechos de las mujeres en general y las madres en particular. Comparto aquí algunas reflexiones al respecto que creo sirven para ilustrar lo anterior.

Como psiquiatra perinatal en el juzgado me ratifiqué en mi informe pericial. Expliqué que la vivencia del parto de esta madre está profundamente marcada e influida por lo que sucedió al inicio de este: cuando estaba empezando el trabajo de parto en su casa con su marido y su matrona llamó al timbre la policía para llevarla al hospital, con un auto judicial que indicaba su traslado forzoso por el supuesto riesgo para el bebé. Tras dos días y medio de ingreso forzoso, el parto finalizó con una cesárea “por no progresión”. En ningún momento se objetivó sufrimiento fetal. Tres meses después la madre tiene un trastorno de estrés postraumático importante. Constantemente recuerda el parto, tiene pesadillas, expresa que no sabe si podrá volver a pisar un hospital o confiar en los sanitarios, a veces tiene miedo a que alguien le quite a su bebé, etc.

A continuación mía, declaró el obstetra que atendió el caso. En su declaración y en sus informes al respecto insistió que el trato fue correcto en todo momento y empático y respetuoso. No mencionó que la mujer había sido llevada al hospital en contra de su voluntad, y sí que en varios momentos ella se mostró tranquila e incluso sonriente o que los psiquiatras que le atendieron no objetivaron psicopatología. Yo tuve que aclarar que para la mujer todo el ingreso forzoso fue traumático y estuvo marcado por el miedo a ser sometida a pruebas o intervenciones innecesarias. Su actitud se puede comparar con la de una persona secuestrada, que responde de forma sumisa a sus secuestradores para no incrementar la tensión del secuestro. Los síntomas de estrés postraumático lógicamente solo aparecen en las semanas posteriores, no durante el ingreso.

Como ejemplo de ese mismo trato respetuoso, el obstetra señaló que, tardaron casi tres días en hacerle un examen vaginal, cuando lo habitual es hacer uno cada cuatro horas. Obvió que la mujer nunca consintió a ese examen (además de que ya lo había dejado por escrito bien claro en el plan de parto que entregó meses antes en el mismo hospital). En su defensa el ginecólogo argumentó, por ejemplo, que la mujer ya había sido sometida a exámenes vaginales en el pasado cuando sufrió un aborto espontáneo y fue atendida en el mismo hospital, como si eso conllevara una autorización a los exámenes vaginales de por vida. (Aquellos exámenes si fueron consentidos. Esto me recuerda un poco a la actitud de quienes niegan que pueda existir una violación dentro del matrimonio pues la mujer ha aceptado casarse con ese hombre). En este caso la mujer había dicho por escrito y verbalmente que no deseaba y no autorizaba los tactos vaginales en su parto. Cuando en el hospital le dijeron que se lo iban a hacer de todos modos ella pidió que se lo hiciera su matrona (una excelente profesional formada en Reino Unido), pero esta petición tampoco fue aceptada.

El obstetra también hizo alusión constante a las guías de práctica clínica y lo que dicen las mismas (la evidencia científica) al respecto del embarazo prolongado y/o parto de riesgo.  En todas esas guías que él cita en su informe se señala que en casos de embarazo prolongado “se debe ofrecer la inducción del parto”. Pero ¡en ninguna guía se dice que haya que avisar al juez o hacer las intervenciones sin consentimiento de la mujer! La opción cuando la mujer no acepta o no desea la inducción es el manejo expectante, que obviamente también se puede hacer en casa con una matrona.

Otro punto a destacar es que, en su informe, el obstetra dice que se ha logrado el resultado final de una madre sana y un bebé sano. Argumenté porqué esto no es cierto: esta madre no está sana, tiene un trastorno de estrés postraumático grave que le afecta muchísimo. ¿Y cómo está el bebé? Aunque su aspecto sea saludable y sin enfermedad ¿cómo podemos saber que este nacimiento no le ha dejado una huella significativa? ¿Cómo vivió el bebé este parto y como percibe el estado anímico de su madre en posparto? Muchos profesionales todavía niegan que los bebés perciben y recuerdan, y que lo que más necesitan es que su madre esté bien. Estas cuestiones ni se plantean con la cortedad de miras habitual de la obstetricia: si tres días después del parto madre y bebés están vivos y sin graves lesiones físicas parece que ya no hay más que hablar (el clásico “de que te quejas si tienes un bebé sano” que han escuchado tantas madres traumatizadas en sus partos).  El sufrimiento psíquico o las serias secuelas físicas o sexuales que muchísimas mujeres padecen tras los partos son sistemáticamente ignorados por muchísimos obstetras (afortunadamente cada vez hay más honrosas excepciones).

Otro tema aquí presente es la medicina defensiva o incluso la judicialización de algunos aspectos de la relación médico paciente. Por desgracia los médicos tenemos mucha dificultad a la hora de aceptar y respetar las decisiones de los pacientes que no aceptan nuestras recomendaciones (me incluyo, como psiquiatra me he visto ahí muchas veces). Además de dificultad tenemos carencias formativas. No solemos saber cómo gestionar estos conflictos ni que hacer con nuestros miedos. Ayer en el juicio pensaba en eso, en como hubiera sido si estos obstetras hubieran podido encontrar otras soluciones al conflicto que no pasaran por informar al juez: si hubiera sido posible que hablaran e informaran a estos padres de otra manera menos coercitiva; si se hubieran podido quedar ellos tranquilos respetando la decisión de la mujer de ser atendida en su domicilio por su matrona mientras no hubiera una complicación que hiciera el traslado al hospital necesario. (Esta mujer no hubiera tenido ningún problema en aceptar un traslado al hospital si hubiera habido una complicación  o la matrona se lo hubiese recomendado).

En última instancia creo que lo que subyace aquí, una vez más, es el constante y cansino cuestionamiento y juicio a las madres tan propio del patriarcado.  Los médicos que avisan al juez que a su vez autoriza el traslado forzoso, todos ellos cuestionan que esta madre quiera lo mejor para su bebé. No confían ni respetan su criterio, cuestionan que ella sepa cuidarse, niegan su capacidad para decidir sobre su cuerpo con la información en la mano, incluso cuando se trata, como en este caso, de una mujer licenciada universitaria que lleva un seguimiento doble del embarazo tanto en la sanidad pública como con su matrona privada. Si a estos profesionales o jueces de verdad les preocupaba ese bebé, ¿cómo no entienden que denunciar a la madre y trasladarla al hospital con la policía no es la mejor manera de ayudarle ni de facilitar un nacimiento seguro? ¿Por qué no respetan que la primera interesada en que el bebé esté bien es la madre (y su pareja)?¿Lo hacen por el bien del bebé o es más bien para cubrirse las espaldas? ¿No será más bien que están castigando a la mujer porque esta comete la osadía de decir que piensa parir en casa con una matrona cualificada? Como bien señala la excelente matrona que le atendía en casa, en este caso lo que está en juego es la capacidad de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos, embarazos y partos.

Quedan muchas otras cuestiones por comentar, como el lugar en que ocupan las matronas en toda la atención o el irrisorio papel del plan de parto (que en este caso fue ninguneado como en otros muchos) pero lo voy a dejar aquí. Creo que todas, mujeres, madres, profesionales, nos merecemos que este juez reconozca que a esta mujer se la privó de un derecho elemental: el de rechazar un tratamiento médico, siendo que estaba bien informada y su capacidad de juicio estaba intacta. Llevado al extremo, si no se gana, este caso puede sentar un precedente muy grave para todas las mujeres. ¿Tienen los obstetras derecho (u obligación) a emprender acciones legales contra las embarazadas que no acepten las recomendaciones de los médicos? Ojalá los jueces comprendan que nunca, ni siquiera en la semana 42 del embarazo, las madres dejamos de ser personas.

PD: Confieso que no sabía que imagen utilizar para acompañar esta entrada. En mi paseo por Oviedo conversé con Mafalda, y me ha parecido la más adecuada ;-)

 

8 Comments

  1. Gracias por tu labor Ibone, por todo lo q haces. Has dado en el clavo cuando has dicho lo de cubrirse las espaldas, es el mismo hospital donde murió una mujer atada a una cama por una meningitis sin recibir tratamiento porque no acertaron el diagnóstico.
    Gracias por defender a las mujeres y a las criaturas!

  2. Cristina (Bruselas) says

    Gracias por compartir tus reflexiones… por poner palabra al sentimiento de muchas, por dar voz a lo que todavía resulta innombrable, por poner tu sabiduría y calidad humana al servicio de todas las mujeres implicándote no solo en este caso sino en la salud mental perinatal a nivel universal… somos muchas las que te apoyamos en tu camino… gracias!!!

  3. “El constante y cansino cuestionamiento y juicio a las madres tan propio del patriarcado.”
    ¿Cuándo van a entender que somos dueñas de nuestras cuerpas?
    Soy una agradecida del Universo por haberme permitido parir dos veces en mi casa sin que haya caído ningún/a energúmeno/a a forzarme a nada!
    Cuando hay información, hay empoderamento.

  4. Como persona humana, como mujer, y también como médico… Me vais a permitir un exabrupto: ¿En qué PUÑETERO Universo una mujer con trastorno de estrés postraumático está “bien”? ¿En qué REALIDAD PARALELA una mujer llevada al hospital por la policía, rodeada de personal hostil a su decisión y a su sentir, se considera que estuvo bien atendida porque sonrió alguna vez a sus captores? Ojalá ese juez sea capaz de verlo tan claro como tú, Ibone, como nosotras, pero me temo otra sentencia de “La manada”, me temo un rosario de sentencias cuestionando la salud mental, la inteligencia e incluso la buena voluntad de la víctima. Con el agravante de que esta mujer no se sometía a ser violada sólo por salvar su vida, sino que se sometía para que pudiera nacer su hijo…. Sí, señores, meter los dedos de un profesional por la vagina de una mujer sin su consentimiento ES VIOLACIÓN. Despreciar a la profesional que atendía a la mujer sin permitirle hacer su trabajo, despreciar el deseo de la mujer de no tener tactos vaginales, despreciar incluso la concesión de “vale, que me toquen, pero la profesional en la que tengo confianza”…. No tengo palabras, como profesional sanitario me siento AVERGONZADA, enfadada, y con ganas de llorar por esa mujer y por su criatura. Lo dicho, ojalá el juez pueda llegar a estas mismas conclusiones, pero la esperanza que tengo es tan pequeñita…

  5. Margarita says

    Quería añadir a los comentarios expresados, que esto que ha sucedido , y en este caso revuelve a las mujeres, está sucediendo ya en otros ámbitos de nuestra cotidianidad, y es que esta actitud autoritaria , sin tener en cuenta al otro , sus opiniones, opciones… se está colando en nuestras vidas y tiene un nombre muy concreto. Se llama fascismo. Estad muy atentas

  6. Mariana Rosa says

    Que buena nota! Coincido con vos en todas tus apreciaciones. Yo trabajo en el sistema público, soy partera y lucho cada día por “salvar” a las mujeres e intentar que puedan vivir el nacimiento de sus hijos de la mejor manera posible. Pero estoy sola ( bueno mi colega me apoya pero está muy contaminada por.el.modelo hegemónico y a veces recae en viejas rutinas, casi para no discutir con el resto del equipo) y cada día siento que pierdo más terreno. La angustia que se siente es muy profunda. Mi respeto por las mujeres y sus derechos es innegociable y no puedo de ningún modo seguir el modelo médico de atención. Entonces mis sentimientos son ambivalentes. Por un lado quisiera dejar el sistema y dedicarme por completo al nacimiento fuera de la “institución” pero por otro, siento que no puedo dejar a esas mujeres “institucionalizadas” a la buena gana de esos profesionales que se creen con el derecho de hacer y deshacer a su antojo. Cómo es posible que no sean capaces de entender las consecuencias de lo que hacen? Ibone, me hace feliz que exista gente como vos y tantas otras personas que luchan por un nacimiento diferente, convencidas de que es el único modo de que la humanidad comience a cambiar. Si seguimos naciendo violentamente por que deberíamos esperar que la sociedad deje de serlo? Si no respetamos la vida desde su origen, por que esperamos “respeto” para el resto de la misma? Ojalá pueda tener fuerzas para seguir por este camino. La soledad me.duele y mucho, a veces siento que voy desvaneciéndome, y eso me asusta… Ojalá lo que he podido hacer hasta hoy haya sido, al menos, una pequeña luz….

    Un abrazo fuerte para vos!!! Gracias por tu labor, por tu pasión y por tu luz.

    Mariana Rosa Licenciada en Obstetricia Profesora Universitaria especializada en Obstetricia Buenos Aires Argentina

  7. Pingback: Traslado forzoso de parturienta al hospital: reflexiones a propósito de un caso - Madres entre dos culturas

  8. Ibone, qué feliz me siento cuando puedo ver profesionales i mujeres que tienen en sus manos toda esta tecnología que nos da voz, que nos pone en contacto…

    Qué pena tener que seguir denunciando la VIOLENCIA OBSTÈTRICA,
    pero cuánta dicha al constatar cómo crece la sensibilidad, la autoestima y el valor de las mujeres para ir diciendo BASTA, bien alto y bien claro. MUCHAS GRACIAS IBONE Y A TODAS

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