Una vez más un infanticidio salta a las portadas de prensa y titulares. Esta vez al menos hemos escuchado a psiquiatras como la doctora Lola Morón decirlo bien claro:

Zaida no mató a su bebé. Su enfermedad mató a su bebé. No quería hacer daño a nadie, todo lo contrario. Tenía la convicción —esta vez sí: loca, alienada, delirante— de que estaba “poseída por el demonio”, de que para “salvar al mundo”… Aquí hay dos posibilidades: o bien debía sacrificar lo que más quería, su hijo, o bien debía eliminar del mundo al fruto del vientre del demonio, su hijo. Lo peor para Zaida es que esta enfermedad tiene un tratamiento y que cuando desaparezca el delirio será consciente de lo que ha hecho, como somos conscientes todos ahora de lo irracional de sus actos.

Ya lo comenté en otra entrada de este blog dedicada al infanticidio: en nuestro país no existen unidades de hospitalización psiquiátrica madre bebé, a diferencia de otros países europeos, ni planes específicos de atención a la salud mental perinatal. Por eso creo que es urgente hacer todo lo que esté en nuestras manos (las de todas nosotras y nosotros) para prevenir los infanticidios.

En concreto, para prevenir, detectar y tratar a tiempo las psicosis puerperales es importante:the-rainbow-mother--baby-unit-1285950289-view-0

  • Acompañar y ayudar a las madres en todo el posparto. La soledad en el puerperio puede ser mortal. No está en nuestra naturaleza criar solas, ni siquiera pasar un día entero con un bebé de pocas semanas. Estamos preparadas para criar en familia, en tribu o en comunidad, como lo queramos llamar. La misma mujer que puede pasar un posparto feliz si tiene cerca a su madre, abuelas, amigas, hermanas, o vecinas además del padre, abuelos, tíos etc…puede pasar una depresión infernal si se encuentra todo el día sola con su bebé en una gran ciudad lejos de su lugar de origen y sin red social más allá del padre del bebé, por ejemplo. Si una madre ya tiene síntomas de depresión o malestar en posparto es especialmente importante que pase el día acompañada de seres queridos que compartan los cuidados del bebé y que le cuiden a ella también.
  • El sueño: de máxima importancia, especialmente en los días que siguen al parto. Es una barbaridad y una irresponsabilidad despertar a una madre en la planta de maternidad porque toca ponerle el termómetro o le tiene que ver el médico: aunque sean las doce del mediodía tal vez sea la primera vez que duerme en 72 horas desde que se puso de parto. El insomnio es uno de los primeros síntomas de alarma de los trastornos psiquiátricos del posparto: una verdadera urgencia que hay que tratar permitiendo que la madre duerma mientras alguien se ocupa de su bebé o incluso con medicación , algo perfectamente compatible con la lactancia por otra parte.
  • La escucha y la comprensión a las madres, validando sus complejos sentimientos, dejando de idealizar el puerperio o de infantilizar a las mujeres. La ambivalencia en el puerperio es lo normal: puedes estar feliz y a la vez tener ganas de salir corriendo cuando tu bebé llora o preguntarte en que hora se te ocurrió ser madre. Los grupos de madres son un espacio necesario  y no deberían limitarse sólo a las madres lactantes. Urge crear espacios de apoyo en puerperio en la comunidad y urge también que los profesionales sanitarios estén formados para escuchar a las madres y detectar cuando el sufrimiento es señal de una enfermedad.
  • Rechazar el estigma asociado a la enfermedad mental. Todavia hay pocas mujeres que en nuestro entorno hayan hablado públicamente de su experiencia con la depresión o la psicosis posparto. Una pena: eso dificulta que muchas madres se atrevan a pedir ayuda. Si algo he aprendido en toda mi vida de psiquiatra es que la enfermedad mental nos puede tocar a cualquiera, cualquier día.
  • La prevención es especialmente importante en los casos de mujeres que ya tienen un diagnóstico de trastorno bipolar antes del embarazo o que tienen antecedentes familiares cercanos. En esos casos es especialmente necesaria la atención en unidades especializadas en psiquiatría perinatal, la profilaxis previniendo el insomnio, el apoyo a la lactancia materna de un modo real (se sabe ahora que la prolactina es estabilizadora) y el que haya un plan familiar pensado para pedir ayuda inmediatamente si la madre o su entorno notan cualquier síntoma incipiente. En muchos casos es además importante o crucial mantener el tratamiento psiquiátrico durante el embarazo y nunca suspenderlo tras el parto.
  • Cuando una madre presente insomnio grave o conducta bizarra o extraña o mutismo en las semanas que siguen al parto, es muy importante no dejarla sola con el bebé en ningún momento y acompañarle a la urgencia psiquiátrica mas cercana lo antes posible.
  • Si es preciso el ingreso de la madre, minimizar la separación del bebé. Ya que no tenemos unidades madre bebé aún, podemos empezar humanizando y flexibilizando las unidades de hospitalización psiquiátrica de agudos de nuestro país. He conocido algunos casos en los que el personal sensibilizado ha permitido que madres con psicosis puerperales pudieran ver a su bebé a diario durante el ingreso en psiquiatría e incluso que pudieran mantener la lactancia, algo de gran ayuda para minimizar el daño que la psicosis hace a la relación vincular.
  • La atención en casos de trastorno psiquiatrico puerperal debe incluir también al bebé, al padre o pareja si lo hay, y a la familia cercana.
  • Por supuesto, erradicar la violencia obstétrica y promover el respeto a la fisiología del embarazo y parto. Lograr que la atención al embarazo no esté basada en fomentar el miedo al cuerpo, sino todo lo contrario, en favorecer la vivencia saludable de todo el proceso y el empoderamiento de las mujeres. La erradicación de la violencia obstétrica sin duda hará que muchas mujeres salgan menos traumatizadas de sus partos y con menos riesgo de tener descompensaciones puerperales graves.
  • Facilitar la atención en la red de salud mental a las madres con bebés. Facilitar y permitir la atención en las consultas de los centros de salud mental con bebé incluido. Formar a pediatras, enfermeras de pediatría, matronas y médicos de familia en el screening de los trastornos mentales perinatales además de en el apoyo al puerperio y a la lactancia.

En cuanto a los infanticidios que no se producen en el contexto de una psicosis puerperal, creo que algunas prácticas también los pueden prevenir:

  • Las llamadas «cunas para abadonar bebés» que en otros países europeos han demostrado ser útiles para disminuir las tasas de bebés abandonados en contenedores y similares. Permiten dejar a un bebé de forma totalmente anónima, sabiendo que será cuidado y que nadie perseguirá a la madre por ello.
  • La erradicación de la violencia de género, ya que muchos de estas muertes de bebés se producen en hogares donde la violencia de género es continua y gravísima

Por último señalar que en nuestro país que yo sepa no hay una asociación de usuarias o madres afectadas de trastornos mentales perinatales, y creo que eso sería una buena manera de promover los cambios sociales y asistenciales que necesitamos en este area. Termino con este enlace a una asociación de apoyo irlandesa , Nurture, que está logrando ayudar a muchas madres y familias en ese país.

 

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15 comentarios en “Prevenir infanticidios”

  1. Hoy me toca escribir desde la mirada del otro, mi hermana es la que sufre de depresión.
    ella es depresiva desde muy joven y hoy al tener a su niño mediante una cesarea de urgencia por exceso de liquido amniotico siento que no lo quiere ver. El niño aun se encuentra en neonatologia al cuidado medico ayudandolo a madurar sus pulmoncitos pero en breve saldra de la clinica. La madre nunca me conto como es su bebé sino me contaba de sus dolencias (yo fui madre y tambien tuve por cesarea pero no me importaban mis dolores sino mi bebe, a esto voy) unos dias despues le dieron el alta a ella, que segun sus palabras era lo que mas queria, y pasaron 24 hs que esta en su casa y no quiere ir a ver al bebé ni siquiera a hablarle para fomentar el vinculo madre-hijo. estoy consternada por la situación, no se que hacer. Le hablé y le dije que olvide sus dolencias que vaya igual que sea fuerte, (dice que le da panico verlo en neo y que se marea al caminar, que teme un desmayo) Quiero lo mejor para mi hermana y mi sobrino, por favor que puedo hacer? Gracias !

    1. Hola Luciana, es normal que estés preocupada por tu sobrino y hermana, lo que estás haciendo demuestra un gran amor por ellos. Por lo que comentas hay muchos factores de riesgo, el que tu hermana haya sufrido depresión previamente, el tipo de parto que ha tenido y el hecho de que si bebé esté en neonatos, todo eso complica la vinculación con su bebé y es necesario que tu hermana tenga ayuda profesional. No sé de dónde sois, se me ocurre que hables con el hospital, si disponen de un psicólogo para atender estos casos podrá hacer un diagnóstico de lo que le ocurre a tu hermana y favorecer la vinculación con ese bebé, algo muy necesario tanto para ella como para él. En caso de que no dispongan en el hospital de psicólogo deberías buscar un psicólogo privado experto en perinatal. Si necesitas encontrar a alguien puedo tratar de ayudarte.
      Un abrazo. Cristina

  2. Lo que voy a decir lo quiero expresar desde el respeto y admiración más absoluto a tu esfuerzo y tu trabajo. Sé que va a ser políticamente muy incorrecto lo que voy a decir y aún así lo voy a hacer. Lo que no puede haber son dobles varas de medir en cuanto a la violencia, ya que cuando un hombre agrede a una mujer muchas veces también lo hace con una depresión encima, una psicosis, borracho o drogado, circunstancias causadas por el modo de vida actual y sus efectos desastrososo en las biografías de muchas personas. Si quieres hasta podríamos inventarnos un término «psicosis de género». Una vez, un miembro del grupo los piratas creo que le ocurrió algo parecido y se catalogó el caso como «violencia de género» cuando había problemas mentales de por medio y tuvo que salir su propia novia a aclararlo. Sin embargo, nadie se pregunta por las circunstancias mentales u sociales o biográficas de los asesinos u homicidas, porque son asesinos y punto, lo que me parece hasta lógico.
    Yo no creo que todos seamos tan cuerdos ni que todos estemos tan locos, pasamos por muchas fases a lo largo de la vida y somos capaces de lo mejor y de lo peor. Pero lo que es un atenuante para uno debería ser un atenuante para otro. Es decir, si somos compresivos y empáticos con unas, nos tocará serlo con otros. Lo demás es una doble vara de medir que nos victimiza. Si no, en todo homicidio entonces habría dos víctimas: la que mata y la asesinada, cuando sabemos que no es así para nada. Toda persona que comete un acto de violencia extremo tiene una historia detrás, que si la cuenta, nos echaríamos todos a llorar, pero, claro, después está lo que ha hecho. Yo esta doble vara de medir, que no digo que tú la tengas pero que sí he visto en muchas ocasiones en feministas: empatía hacia un colectivo, y condena unidireccional hacia otro, es algo que no puedo comprender. Por ejemplo, lo sentí al leer a ese libro que a tantas madres feministas encanta y que a mí, sinceramente, me pareció de muy mala calidad, el de Victoria Sau: http://www.lasinterferencias.com/2015/03/25/la-agresividad-intragrupo-en-el-vacio-de-la-maternidad-de-victoria-sau/
    Un abrazo.

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