imagenniña¿Qué hacer con esas manos? se preguntaba Luis Sepúlveda hace unos días ante esa imagen del cuerpo de una niña africana flotando en el Mediterráneo.

Intento responder de forma sincera. A ratos me imagino a esa niña y a su madre, a su familia, huyendo. Naufragando en la huída. No sé si mirar la foto es «hacer». Qué hacer es la pregunta que más se repite ultimamente en mi entorno.

A veces me parece que mi corazón también viaja en una patera.

Aceptar los privilegios que por mi nacimiento en esta parte del mundo me fueron concedidos es fácil o difícil, depende de como se mire. Qué hacer con la injusticia como íntimo dilema cotidiano. A la vez la responsabilidad de ser feliz con lo que misteriosa o absurdamente me ha tocado.

Convocar a la alegría. Confiar casi a ciegas.

Seguir luchando por las niñas y los niños, mientras beso los piececitos  tan preciosos de mis pequeñas sobrinas. Callar no es otorgar. Abrazar. Hablar con las plantas, sembrar otras flores. Encender más velas, aceptar la congoja. El martirio no puede ser tu elección. Caminar por las cimas, volver a los bosques, escuchar la naturaleza.

Imaginar el naufragio. Hundiendote, llorar. Con tus hijos en una patera. Eras tu, soy yo. Mañana quien sabe. No entiendo nada, no sé apenas nada. Ser sincera me cuesta, aunque lo intento. Elegir bien las palabras, ser precisa si puedo. Niñas ahogadas flotan en el mar que amo. La miro y sigo. ¿Se puede adoptar un cadaver que flota en el mar? Un collar de margaritas. Volver a la orilla, mirar al cielo. En el horizonte siempre los mismos: los más crueles, los que tampoco fueron amados. Los más dañados y dañinos.

Batallas imposibles, invisibles. La piel más salada que las lágrimas. Tengo que confiar, tengo que sonreir, tengo que ser feliz. No queda otra.

Llorando besaré también las manos y los pies de esta niña. Suspiro hondo. Volveré a flotar en el mismo mar de mi infancia.  No dejaré que me mientan los que hablan de construir más vallas o hundir las barcas.

Te enseñaré a nadar, mi niña.

 

 

 

 

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12 comentarios en “Requiem por niña ahogada”

  1. Ibone, pones en palabras lo mismo que llevo pensando dos años, desde aquel terrible naufragio en Lampedusa de cientos de personas, y en el que los buzos encontraron en la cabina de mando a una madre aferrada a su bebé… Cuántas lágrimas, cuánto miedo el de ese bebé…cuánto dolor el de esa madre, el de tantas madres…

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