Trata de mujeres y gestación subrogada

El pasado sábado saltó la noticia: el hospital de Burgos investiga más de 30 partos de mujeres brasileñas “llegadas de Bélgica”  (las comillas son mías, porque dudo mucho que fuera así, no creo que hayan llegado de Bélgica, me parece más probable que hayan venido directamente de Brasil). El artículo en el Diario de Burgos contaba que “el hospital lo denunció hace un mes al comprobar que facilitan dos direcciones del norte de la provincia y, en varios casos, acuden acompañadas del mismo hombre”.

Por desgracia a las activistas que luchamos por la abolición de la gestación subrogada no nos ha sorprendido demasiado. La trata de mujeres con el fin de quedarse con sus bebés es antigua. Ya en el informe que hizo la relatora especial de la ONU en 2018 donde ya calificó la gestación subrogada como venta de niños se alertó de que:  “Las redes comerciales de gestación por sustitución trasladan a madres de alquiler de un país a otro, a veces cuando están embarazadas, para eludir la legislación nacional; en un caso, las autoridades tailandesas descubrieron y liberaron a 15 mujeres vietnamitas, a raíz de lo cual se presentaron cargos por trata de personas en el contexto de un plan de criadero de bebés”.

En su informe de 2025 la relatora fue mucho más allá al detallar lo siguiente y pedir la abolición universal:

“Los arreglos de reproducción subrogada pueden equivaler o asemejarse a la esclavitud, ya que ponen a las madres sustitutas en una situación en que se hace uso de todas o alguna de las características del derecho de propiedad con respecto a ellas (pág 16).”

“Las mujeres migrantes son elegidas específicamente para la reproducción subrogada o trasladadas a otros países para que se sometan a procedimientos de fecundación y den a luz, a menudo con el propósito de eludir los marcos jurídicos.”

Ya se vio lo que pasó en India cuando se prohibió la gestación subrogada a extranjeros. En este artículo de investigación uno de los dueños de una clínica en Bombay lo dijo abiertamente: “planeamos transferir a las gestantes indias a otro país para dar a luz”.  Luego se encontró que había una red de trafico y trata de mujeres que llevaba a las madres indias a parir en Tailandia.

Más recientemente en Europa en 2023 se denunció una mafia que traía a mujeres de países del este de Europa (Bulgaria, Moldavia, Ucrania, Rumania y Georgia) para que dieran a luz en Grecia. También recientemente hemos conocido el caso de los millonarios chinos que han tenido más de cien bebés en Estados Unidos.

El tráfico de recién nacidos es global, y las mafias que lo gestionan son tan astutas como criminales. No sorprende que de Brasil puedan traer a mujeres pobres a dar a luz en España. Probablemente esté ocurriendo en más lugares y hospitales del país, no seamos ingenuas de pensar que solo se ha dado el caso mencionado en Burgos.

Averiguar en qué condiciones habrán pasado estas madres sus embarazos y a donde irán a parar esos recién nacidos debe de ser una prioridad. En lo que se investigó en Grecia las mujeres contaron que tenían que permanecer encerradas en una habitación la mayor parte del tiempo, y si salían era bajo vigilancia continua. Igualmente debería ser prioritario investigar cada caso de recién nacido traído de otros países a España, donde la subrogación no es legal pero queda un resquicio mediante el registro en otros países.

Los defensores de la gestación subrogada dicen que esto se evitaría con la legalización, pero es absolutamente falso. Es llamativo que no se permita vender órganos ni sangre humana porque todo el mundo entiende que hacerlo pondría a las personas en situación precaria en la disyuntiva de tener que vender un riñón o su sangre para vivir, y sin embargo, en algunos círculos se acepte la venta de recién nacidos. Es más grave aun que se acepte el argumento de que “son sus hijos” porque han pagado por ellos y han sido quien los ha encargado o porque para concebirlos se ha utilizado el esperma del comprador. Luego tendrán la cara de decir que los quieren, cuando han sido capaces de someterles a ellos y a sus madres a una de las peores violencias que se pueda imaginar.

Afortunadamente noticias como la reciente dimisión de un parlamentario alemán tras conocerse que se había comprado un bebé nos hacen pensar que, globalmente, se empieza a comprender que la mal llamada gestación subrogada en realidad una compra venta de seres humanos que conlleva la explotación de sus madres.

Los bebés no se venden, no se compran, no se regalan. No nos cansemos de repetirlo.

 

 

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