Los defensores de la gestación subrogada afirman que la que gesta no es la madre y que señalar los riesgos y posibles secuelas de esta práctica es ofensivo para las personas así gestadas.
Decir que la que gesta no es la madre es una afirmación que solo se puede defender desde el adultocentrismo: el recién nacido sabe perfectamente quien es su madre. De hecho, todas las recomendaciones sanitarias del mundo insisten en priorizar la no separación madre bebé desde el nacimiento y potenciar toda una serie de cuidados conjuntos precisamente porque hay una enorme evidencia científica que demuestra que separar a un recién nacido de su madre es altamente estresante para la criatura.
Demostrar científicamente las secuelas que deja la gestación subrogada va a ser difícil por muchas razones, entre otras cosas porque muchas familias ocultan ese origen de sus criaturas y porque no van a permitir que se investiguen sus posibles secuelas. Los así gestados tampoco van a poder cuestionar abiertamente a sus progenitores dado el tremendo conflicto de intereses. No se podrán hacer estudios de cohorte ni de seguimiento exhaustivos. Pero basta con aplicar todo lo que ya sabemos sobre el impacto de la reproducción asistida, la gestación, la salud mental perinatal, la neurobiología del parto y nacimiento y la neurociencia perinatal para entender que lo que se hace en gestación subrogada es altamente dañino para la salud de la criatura de por vida. Obviamente habrá personas que quieran y cuiden bien a estos bebés tras el nacimiento y muchos podrán salir adelante medianamente bien, pero eso no significa que el haber sido separados de su madre nada más nacer no tenga consecuencias ni impacto en su salud e identidad. También habrá casos de bebés así concebidos que terminen en manos de gente malvada o simplemente incapaz de cuidar, estos van a ser los más dañados por la subrogación. No es algo excepcional, cada vez conocemos más casos dantescos (millonarios chinos que compran centenares de bebés como estrategia empresarial, o pederastas que también adquieren bebés).
En este contexto cada vez más preocupante, el valiente testimonio de Olivia Maurel, superviviente de gestación subrogada es significativo. En su libro ¿Dónde estás mamá? Olivia cuenta su infancia y vida hasta conseguir descubrir su origen y llegar a conocer a su “madre de alquiler”. Ilustra como le ha afectado a ella ser fruto de gestación subrogada.
La de Olivia es una historia muy dolorosa. Sus padres eran ricos, pudieron educarla con las elites de Francia y Estados Unidos, y muestra como los ambientes de mucho dinero a veces son los más desoladores. Desde muy niña ella percibe que algo no es como le cuentan:
Durante casi toda mi vida, todas las noches, tuve pesadillas: me secuestraban de mi cuna, me abandonaban. Sufría de insomnio, ansiedad, adicción y un profundo sentimiento de no pertenencia. Mi trauma era invisible, pero era real.
Cada vez que una niñera se iba o la despedían, yo lo vivía como un nievo abandono
Cada vez que quiero un peluche, necesito a la mamá y al pequeño juntos. Es como si intentara constantemente materializar el sacrosanto vinculo entre madre e hijo.
Me exhiben ante las visitas como un monito listo. En la mesa me porto bien y no hablo. Toda la vida he intentado ser amada por mis padres, …sonrío todo el tiempo, me hago querer, poniéndome una máscara para que los otros me aprecien. Pero detrás de esa máscara estoy triste, estoy sombría, mis ideas son negras y si me atreviera a mostrar mi verdadero rostro, no me querría nadie.
En su adolescencia y juventud lo pasa especialmente mal. Consume tóxicos, se enfrasca en relaciones dañinas, sufre lo indecible:
Todo mi ser me pide a gritos volver a mis orígenes. Tengo una sensación de incompletitud, de vacío, que se traduce en un sentimiento de inseguridad. Tengo dudas constantes, no tengo ninguna autoestima. Me parece que nunca sabre quien soy.
Cuando por fin descubre la verdad sobre su origen surgen más preguntas dolorosas:
Lo primero que me hirió de verdad fue saber que fui cambiada por un cheque. Saber que yo valía una determinada cantidad de dinero. Saber que soy un producto creado, cultivado, vendido y comprado. Esto me torturó durante mucho tiempo, porque sabía que valía mucho dinero, que mis padres mandantes habían invertido una suma importante para tenerme, y que por lo tanto tenía este conflicto de intereses, esta lealtad, la idea de una suma que les debía por estar viva.
¿Cuáles fueron los términos del acuerdo con la madre de alquiler? ¿Firmaron un contrato? ¿Cuánto costé? ¿Cómo se sintieron al tomar esta decisión? ¿Se arrepintieron alguna vez de su decisión o dudaron de esta forma de tenerme? ¿Tiene mi madre de alquiler otros hijos? ¿Tengo algún hermanastro? ¿Se trató bien a mi madre de alquiler durante el embarazo? ¿Cómo protegía la ley sus derechos y los míos en aquella época? ¿Podré volver a encontrarla?
Olivia llega a encontrar a su madre “de alquiler”, habla con ella. Entiende su historia, no la juzga. Conoce a sus hermanastros, le cuentan que los que la adquirieron les pagaron un viaje a Disneyworld a su madre y ellos tras el nacimiento de Olivia, el único viaje que hicieron en su vida con su madre.
Olivia se apoya en su marido, tiene tres hijos, y se convierte en activista contra la gestación subrogada. Lidera la Declaración de Casablanca, que aboga por la abolición universal de la gestación subrogada.
Nos encontramos en una encrucijada. O defendemos la dignidad de todos los seres humanos o permitimos que el mercado defina qué es el amor, qué es la maternidad, qué valor tiene un niño. Yo sé de qué lado estoy. Estoy del lado de las mujeres que están siendo explotadas. Estoy del lado de los niños que merecen ser amados, no comprados. Estoy del lado de la verdad, incluso cuando duele. Especialmente cuando duele.
Totalmente de acuerdo con Olivia Maurel, agradecida por su trabajo inmenso y por este libro que os recomiendo. No hay manera de justificar la gestación subrogada, igual que no se puede defender la esclavitud ni el tráfico de órganos. Incluso si las madres que gestan dicen que lo hacen libremente, no es admisible comprar un recién nacido, ni un humano de cualquier edad, ni un órgano. La gestación subrogada debe de acabar. Las familias así creadas deben ser valientes y reconocer el daño que han causado a estas criaturas, solo así se podrá reparar.
Los bebés no se venden, no se compran, no se regalan.
