En estos tiempos absurdamente polarizados, decir que ser madre no es lo mismo que ser padre puede ser motivo de cancelación. Igual que afirmar que, si el cerebro de las mujeres se transforma durante la gestación, es para que podamos AMAR a nuestras criaturas, un amor que es sinónimo de protección, de desear y procurar que esa hijo o hija que habitó nuestro cuerpo y salió de nuestro vientre viva y nos sobreviva. Hay toda una biología, evolucionada y perfeccionada a lo largo de millones de años que sostiene estos procesos, pero cuando la señalamos nos tachan de esencialistas. Maternamos con y desde el cuerpo, pero socialmente se sigue intentando minimizar, cuando no ocultar o negar, la fuerza y la potencia de toda esa biología mamífera y transformadora.
En este contexto, este Materfiesto parido por una madre me ha parecido tan necesario como contundente. Un libro breve, bien escrito, que resume, explica y sintetiza como se construye el patriarcado, los mandatos que siguen gobernando el mundo, y ofrece soluciones para, poco a poco, ir desmontando el patriarcado. Brillante, claro y directo.
La autora es una madre y escritora, Isabel Salas, que tuvo que salir huyendo cuando la justicia patriarcal intentó arrebatarle la custodia de sus hijas. Sabe bien de lo que habla. Desde ese lugar, ofrece una propuesta para el debate y la política, una propuesta de “ley de Protección del Vínculo Filio-Materno que reconozca la jurisdicción materna como ámbito vital prioritario y establezca límites claros a la intervención institucional en esa unidad originaria”.
El capítulo que más me ha gustado ha sido el dirigido al padre amoroso (el 10) dónde señala claves que me parecen fundamentales:
“un padre que ama de verdad no busca autoridad, construye cuidado. Y eso no se mide en visitas, sentencias ni cuotas”… Sabe que la madre es el centro de la vida del hijo, sobre todo en los primeros años, y esto no le molesta ni le causa celos o inseguridades. No lo vive como pérdida. No necesita desplazar para pertenecer. Sabe que su momento llegará más adelante, cuando el hijo busque un horizonte más allá del regazo. Y entonces él está. Se ubica desde otro lugar: el del acompañamiento real. Sin ego. Sin planillas…El padre amoroso no invade la jurisdicción materna. La sostiene. La fortalece. La honra».
Os dejo algunas frases más, y os recomiendo muchísima su lectura. (Aquí se puede adquirir si estás en España)
La maternidad no se otorga: se encarna. Y cada hijo necesita a su madre más que la madre a él.
El vinculo materno-filial es jurisdicción vital porque asegura la vida del niño, no porque satisfaga a la madre.
La madre es custodia, no propietaria.
Cualquier mujer tiene el privilegio de poder ser madre, pero el hijo tiene la necesidad de su madre: la necesidad de permanecer con quien lo gestó y quien conoce desde antes del nacimiento.
No se puede hablar de liberación sin hablar de maternidad, la autonomía materna es un eje político…
La persecución de quienes defienden el vinculo materno filiar, en realidad, es una persecución contra la infancia.
Lo que se juega es la existencia misma de la maternidad como vinculo humano no sustituible para los niños y niñas de un futuro próximo.

