Me gusta releer mi diario al acabar el año. Ir escuchándome a mi misma conforme paso las páginas, ver como cambia mi caligrafía en función de mi estado de ánimo, recordar sueños que tuve y anoté, volver a escuchar algunas conversaciones que registré, revivir algunos momentos deliciosos, comprender cuánto me siguen costando todavía cosas muy básicas, constatar mis pequeños logros y mis contemplar una vez más mis repetidas derrotas. Este año el Covid me lo ha puesto muy fácil: di positivo el 23 con algunos síntomas así que he tenido cinco días en cama para despedir y cerrar este año. Ya recuperada hoy he vuelto a caminar por el campo al amanecer: cuatro corzos me han saludado en la distancia.

Este ha sido para mi un año de mucho caminar, antes y después de hacer el Camino de Santiago francés que terminé el 3 de agosto. He seguido saboreando ese pequeño gran logro personal a diario, volviendo a cada momento y casi a cada paso, disfrutando todas las enseñanzas vividas e incorporadas.

Ha sido también un año de escucha, de escritura y de terapia. Todo junto y revuelto. Caminando pensé un libro que he acabado este año y saldrá en febrero (Palabra de madre), un libro bastante íntimo que me ha sanado e intuyo será de ayuda para otras, y que siento ahora ha sido posible gracias sobre todo a la terapia -en la que aun sigo-, al caminar en silencio y al apoyo de mucha gente cercana y querida.

Me cuesta escribir en el blog últimamente. Hace poco una amiga me lo recordó: «¡echo de menos tus entradas!» me dijo. Es cierto, he escrito muy poco. Tal vez porque percibo tanto ruido que cada vez siento más que la mejor aportación es ofrecer escucha o  permanecer en silencio. He pensado mucho en todo lo que colectivamente estamos viviendo, en como cada vez las posiciones parecen más enfrentadas y polarizadas en todos los temas y ámbitos…Me parece que esa polarización es consecuencia y reflejo de la profunda soledad en la que cada vez más todos vivimos, disfrazada de hiperconexión en redes. En vez de entrar a los debates, cada vez veo más claro que lo urgente es ofrecer escucha, cariño, naturaleza, comida caliente, abrigo, abrazo, consuelo. Lo mismo que me ofrecieron a mi los y las hospitaleros del camino y el resto de peregrinos.

O igual he escrito poco porque he estado más pendiente de mi interior que del exterior. Siendo consciente de mi tendencia a escaparme de lo que me cuesta tolerar, de mi dificultad para percibir lo más obvio,  y de como a veces lo que más miedo me da es, por muy absurdo que parezca, que me amen. (¡Tratar los apegos evitativos puede llevar una o varias vidas!)

Los árboles y los ríós. Casi se me olvida nombrarlos, pero han sido una parte muy importante de este año. He abrazado muchísimos árboles y me he bañado en muchísimos ríos (mañana probablemente lo haga de nuevo). Me he leído un libro inmenso «El clamor de los bosques» de Richard Powers. Me ha gustado tanto que lo sigo releyendo, a veces en voz alta, y he decidido quedarme a vivir en sus páginas un buen tiempo. Os dejo con estas palabras del libro, preciosamente traducidas por Teresa Lanero:

Hay cientos de miles de especies de amor, inventadas por separado, cada una más ingeniosa que la anterior, y todas siguen actuando.

Que podáis seguir recorriendo el camino de vuestro deseo en 2022. Feliz Año.

 

 

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8 comentarios en “El año del Camino”

  1. Este año será especial. Tomaremos impulso y nos devolverá la vida un mosaico inmenso de posibilidades, que antes ni siquiera advertimos.
    Tiempos de tierra, bosque, mar, amaneceres de rocío.
    Tiempos en los que solo nos hará falta mirar y silencio y abrazo.
    Feliz Año 2022.

  2. Me encanta leerte porque siempre pones una verdad en juego que me toca y a la vez me empuja a lo vital.
    Este año va a ser el año que yo también ponga mi verdad en juego en forma de palabras y de libro.
    Tienes razón, hay demasiado ruido, demasiada intolerancia y mucha soledad. No sólo la nuestra sino que no nos interesa mirar la que sufre el vecino porque no queremos saber del dolor del otro.
    Gracias infinitas querida Ibone

  3. Ay Ibone, siempre tan oportuna. Tan delicada. Tan sabia… Cuánto aprendo de ti… Sobretodo a rebuscar adentro perdiendo el miedo… recuperando el Amor y la belleza.
    Gracias por ti y por dejarte ver por dentro. Allí donde todos nos parecemos un poco…

  4. Querida Ibone,
    Como siempre ha sido un placer acompañarte este año y a lo largo de estas palabras tan bien escritas. Considero un verdadero lujo estar en tu vida y que estés en la mía. Te quiero. Que el próximo año sea todavía mejor.
    Pepe

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