medicina, psiquiatría infantil
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Un país sin psiquiatras infantiles

Según como se mire, soy una impostora. Llevo varios lustros presentándome o firmando como psiquiatra infantil pero en realidad no tengo un título que lo acredite. Mi título es de psiquiatra, a secas. Lo de infantil no lo pone, ni en mi título ni en ninguno en este país, porque en España la psiquiatría infantil no está reconocida ni existe oficialmente. Esa sorpresa yo me la llevé hace unos veinticinco años, cuando tras aprobar el MIR dispuesta a elegir psiquiatría infantil me enteré de que sólo podía aspirar a hacer psiquiatría y con suerte elegir un centro donde pudiera alargar mi rotación por infantil, que entonces era de cuatro meses.

Yo descubrí la psiquiatría infantil en Bélgica, allá por el 93, cuando hice quinto de medicina de Erasmus en Bruselas. Por aquel entonces yo tenía vocación de pediatra. Hice dos meses de prácticas en pediatría, uno en Neonatología (y menuda huella me dejó) y otro en la planta de pediatría. Para mi decepción, apenas veíamos a los niños hospitalizados unos minutos al día: el resto del tiempo lo pasábamos pidiendo pruebas y calculando dosis de fármacos etc. Sin embargo, cada dos días solía venir por allí una señora que sí que parecía conocer bien a los niños. Nos explicaba las historias familiares y escolares de niños hospitalizados por dolores abdominales, seudocrisis epilépticas, graves pérdidas de peso… A mí me parecía que lo que ella contaba nos permitía entender y tratar las enfermedades de los niños mucho mejor que la infinidad de pruebas que los pediatras solicitaban. Cuando me enteré de que aquella mujer era psiquiatra infantil ví clara mi vocación. El verano siguiente estuve dos meses de prácticas en el Montreal Children´s Hospital, en Canadá. En aquel inmenso hospital infantil la última planta era la de psiquiatría. Allí nadie llevaba pijama ni ropa de hospital: los niños y adolescentes iban vestidos de calle, al igual que las enfermeras, terapeutas ocupacionales, psicólogos, psiquiatras, estudiantes…Los pacientes dormían en el hospital, todo el equipo comía con ellos y a menudo se organizaban salidas a diversos lugares de Montreal. Se hacía un esfuerzo enorme por comprender en profundidad la realidad de cada niño o niña, en colaboración con los pediatras, neuropediatras, etc. Había patologías muy graves y algunos niños necesitaban meses de ingreso. Se trataba con fármacos, con terapia de familia, con musicoterapia, con arteterapia, con psicoterapia, con lo que hiciera falta en cada caso, pero siempre en equipo e incluyendo a la familia y, si era posible, también a la escuela.

El caso es que al volver a España y aprobar el MIR elegí hacer la especialidad de psiquiatría en el Hospital Clínico de Zaragoza, uno de los pocos centros que por aquel entonces tenía una larga tradición de psiquiatría infantil y donde podía dedicar más de un año del MIR a rotar por infantil. Por aquellos años y hasta mucho después los adolescentes con graves trastornos psiquiátricos ingresaban en las unidades de adultos. Me formé con muy buenos psiquiatras infantiles, pero ninguno de ellos tenía un título oficial de psiquiatría infantil. Al acabar ya sólo trabajé en infantil, y poco a poco fue bajando la edad de mis pacientes; de los adolescentes a los niños en edad escolar, luego pasé los prescolares y en los últimos años sobre todo me he dedicado a los bebés, en ese ámbito tan desconocido que es la psiquiatría perinatal.

Han pasado muchos años y seguimos igual, o tal vez peor. Ya tenemos el dudoso honor, junto con Bulgaria, de ser los dos únicos países de Europa donde no está reconocida la psiquiatría infantil. Lo más surrealista es que cada vez que se ha anunciado el inminente reconocimiento de la especialidad (unas cuantas veces ya) acto seguido se ha cesado al ministro en cuestión o se ha paralizado el tema, la psiquiatría infantil parece estar gafada.

¿Por qué es un problema que no se reconozca la psiquiatría infantil? Por muchas razones, las principales:

  • No existe un programa formativo especializado en Psiquiatría Infantil. Los que nos denominamos así nos hemos buscado la vida, como quien dice, formándonos aquí y allá y en ocasiones de manera autodidacta, lo que hace que por mucha vocación que tengamos nuestros recorridos y formaciones difieran muchísimo
  • Al no estar reconocida la especialidad, cualquier psiquiatra de adultos puede atender y tratar a niños. Es decir, alguien especializado en tratar a adultos, que tal vez rotó hace más de veinte años 4 meses por una consulta de psiquiatría infantil, puede ponerse a tratar a niños o adolescentes. Todo esto favorece un modelo de tratamiento a la infancia como si fueran pequeños adultos. Se puede tratar a niños pequeños y recetarles fármacos sin saber apenas nada de psicología evolutiva, de teoría del vínculo, o de neurodesarrollo por citar algunos ejemplos.
  • Muchos niños con patologías psiquiátricas no reciben atención adecuada. En muchos casos peregrinan por consultas de neuropediatría o psicología, algunos tardan años en ser diagnosticados. El sufrimiento es alto. El problema es que las patologías psiquiátricas infantiles afectan a todo el desarrollo, incluido el de la personalidad. Además, al no haber especialidad tampoco se contempla apenas la necesidad de contar con equipos multidisciplinares de atención a la salud mental infantil, algo que sería clave también para la prevención.
  • Los recursos para la atención de menores con patologías psiquiátricas son muy insuficientes. Y si pensamos en los menores de seis años o en los bebés la atención es prácticamente inexistente, nuestra sociedad prefiere negar que un niño pequeño pueda tener un trastorno mental. El problema es que las patologías existen, y hay niños con tricotilomanías, trastornos del espectro autista o graves trastornos de la alimentación o el del vínculo a edades tan tempranas como los tres años.

Este escenario además desanima y desmotiva a los psiquiatras infantiles que pese a todo y contra todo siguen al pie del cañón, trabajando por y para los niños y sus familias, en muchos casos pagando un alto precio personal al estar expuestos a tanto sufrimiento con tan pocos recursos.

Por todo ello, me parece urgente y necesario que se reconozca la especialidad de Psiquiatría Infantil, que se desarrollen los programas formativos y que se dediquen recursos suficientes a la atención de los trastornos mentales en la infancia. Con ello saldremos ganando toda la sociedad.

 

 

5 Comments

  1. Enhorabuena por el excelente escrito que resume de forma tan acertada las desventajas que supone no tener esta especialidad, sobre todo para los menores de esta país y sus familias. Un problema detectado, una solución sencilla y choca con la falta de criterios técnicos y politización mediocre (generalizada): una lástima.

  2. Laura Morales says

    Gracias IBONE
    Me atrevo a preguntar y la psiquiatría juvenil?
    No son niños, pero tampoco adultos.
    Gracias por todo lo que me has ayudado.

  3. Teresa Escudero Ozores says

    Como SIEMPRE, poniendo en palabras mis pensamientos. Tengo unos cuantos amigos psiquiatras infantiles, y todos me cuentan la misma historia que tú, se han formado en Inglaterra, en Canadá, en EEUU… Generalmente pagándoselo de su bolsillo, trabajando allí, etc… Y al llegar aquí e intentar implantar cosas tan beneficiosas como la terapia de juego o la arteterapia se han chocado contra un muro… Ojalá más pronto que tarde consigamos que se reconozca una especialidad tan necesaria. ¡Un abrazo!

  4. Uff pedazo de post !! Desde luego asi nos va a las familias ,chocamos constantemente con profesionales que no saben que hacer ante algunos pacientes.Y como as dicho vamos de un sitio a otro en consultas obsoletas dignas de peliculas de terror.Total que en ocasiones es peor el remedio que la enfermedad.Que impotencia !!

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