Ecofeminismo
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Feliz 2019, con más amor y menos miedo

 

Solsticio de Invierno, fin de año.  En la noche más larga y los fríos días que le siguen miro lo que ha sido para mi este 2018 mientras converso con árboles y montañas. No ha sido un año fácil, la verdad, aunque ahora, con la perspectiva, veo muchas cosas hermosas en este tramo del camino. He vuelto a tropezar en las mismas piedras por enésima vez, como si mis días fueran una sucesión interminable de días de la marmota…Me quejo: ¡qué cansancio tener que aprender siempre así, con dolor y confusión! Pero ahora compruebo que también he logrado esquivar algunos socavones, hoyos en los que antes me era inevitable caer pero que con los años he conseguido evitar dignamente…Dejo de quejarme, miro al cielo, sonrío y agradezco.

Así voy, o así vamos. Tropezando, dando pasos atrás que luego vemos eran para coger carrerilla. Repitiendo patrones una y otra vez, como repiten los niños cuando juegan, hasta que logramos interiorizar el aprendizaje y pasamos a otra materia. Pienso mucho en las palabras de la Abuela Margarita:

Nacemos con dos posibilidades: el amor y el miedo. Lo mejor es no tener miedo.

El amor o el miedo, y el uno entendido como la ausencia del otro. Lo que me sigue costando confiar, y el amor que siento cuando venzo el miedo.

Este año una de las lecciones más hermosas me la ha dado una serpiente. Me la encontré en medio de la noche, en la cocina de la preciosa casita en medio del campo que hemos alquilado unas amigas (uno de los mejores regalos de este año: Valdeamigas). El caso es que encendí la luz y la ví enrollada en medio del suelo. Inmediatamente la serpiente se deslizó debajo de la nevera. Me pareció enorme y me paralizó un miedo ancestral. No sabía que hacer.

Llamé a un amigo que me dijo que, sobre todo, no la matara.  La verdad es que me hizo reír que él pensara que yo fuera capaz de matar aquella serpiente, y con la risa ya se aflojó un poco mi miedo. Se ofreció para venir a ayudarme a sacarla de la casa y, cuando un rato más tarde llegó, se la describí lo mejor que pude. Le dije que era enorme, con un lomo verde y azulado. Como no la encontramos me pidió que se la volviera a describir varias veces, y volví a la imagen grabada en mi mente una y otra vez. Era enorme, sin duda, verde y azulada.

No aparecía por ningun lado. Cuando él ya estaba a punto de irse, la encontró, refugiada tras la puerta de entrada. La cogió y me la mostró. Era dos veces más pequeña de lo que yo la recordaba y no se parecía apenas a lo que yo había descrito. De hecho ni siquiera parecía la misma serpiente.

Perpleja, pude contemplarla un buen rato antes de dejarla marchar. Era hermosa, muy bonita. Mi miedo se transformó en admiración por su belleza. Tener la oportunidad de verla libre de miedo me hizo comprender hasta que punto el miedo distorsiona la percepción. Me dí cuenta de que esta  misma enseñanza se aplicaba a muchas de las situaciones que me venían atormentando en los últimos tiempos. El  miedo no me  estaba dejando percibir la realidad. Más bien al contrario, el miedo me estaba haciendo ver lo que me preocupaba como algo infinitamente más grande y terrorífico. Peor aún, me estaba impidiendo percibir la belleza de ese aprendizaje continuo que nos trae la vida.

Así que ahora, al acabar este año, doy las gracias a la serpiente (¡y a ese amigo!). A las montañas que amanecen moradas y a los árboles que siempre cobijan. Al latido que es la vida.

Que el año nuevo nos traiga más amor y menos miedo. Que no se nos olvide que el uno es la ausencia del otro, y que a veces lo único que podemos hacer es respirar el miedo, contemplarlo de frente sabiendo que nuestra presencia y mirada tienen el don de hacer el miedo más pequeño. Confiad en el amor. Feliz 2019.

 

4 Comments

  1. Eulàlia Plans Canudas says

    acabo de leer tu post… no podia leerlo antes, sólo podia ser hoy,,, porqué hoy me llega el aprendizae del q hablas… hoy lo necesitaba sin saberlo, y al leerlo comprendo… y respiro, respiro el miedo q he vivido estos dias por una situación familiar… y me doy cuenta q si, mi miedo ha distorsionado la realidad. Así q gracias Ibone por este (y tantos!) posts. Vuelvo a confiar al darme cuenta. Por un año lleno de amor!

  2. Teresa Escudero says

    Que palabras mas ciertas, Ibone!! Yo elijo el amor. Una y otra vez, como bien dices. Porque cada vez tengo mas claro que la vida es una espiral. Y aunque nos parezca estar en el mismo sitio, basta levantar un poco la vista para darnos cuenta de que hay un camino recorrido que nos ayuda a salir de nuestras trampas y de las zanjas de la vida. Un abrazo y muy feliz entrada de año!!

  3. Noemi Carina Galarza Cenzano says

    Hola I.O! Qué hermosas tus reflexiones, te agradezco el tiempo que le das a compartirlas con tus seguidores. Más amor y menos miedo. A crecer! Carina Galarza.

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