Ecofeminismo, sexualidad
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La primera tienda roja

Faltaban pocos días para que cumpliera los once años cuando tuve mi primera regla. La verdad es que me hizo poca gracia. Mi madre dijo que había que celebrarlo y nos llevó a mi hermana y a mi a merendar a una chocolatería. Recuerdo que yo estaba algo enfurruñada: no me apetecía celebrarlo ni hablar del tema, no quería contárselo a nadie. Tardé muchos años en comprender lo rompedor que había sido el detalle de mi madre ofreciéndome una celebración. Ahora pienso que no he sabido agradecérselo todo lo suficiente. En aquellos inicios de los años ochenta celebrar la primera menstruación debía de ser algo inédito. Y sí, mamá: me hiciste un regalo enorme (este y muchísimos otros).

Afortunadamente ha dejado de ser un rareza y cada vez son más las mujeres que deciden celebrar la primera menstruación de sus hijas de una u otra manera. Este sábado tuve la suerte de poder participar en una de estas celebraciones: la primera tienda roja de Sofía, que con once años acaba de recibir su menstruación.

Su madre, mi querida amiga Claudia, lo preparó con cuidado y amor. Un espacio acogedor cubierto por una tela roja con forma de vulva, un círculo de niñas y mujeres donde pudimos compartir nuestras historias en torno a la primera regla y, sobre todo, CELEBRAR todo lo bueno que tiene ser mujer y ser cíclica.

La preciosa Sofía nos leyó su relato en primera persona. Me impresionó su facilidad pasmosa para describir el torbellino emocional que le habían supuesto esos primeros días y me emocionó su bienestar con la transición, ¡qué bien preparada estaba!.

Sus palabras al finalizar (después de ver la deliciosa película Monthlies: la luna en ti para adolescentes) fueron estas:

¡ojalá todas las niñas puedan tener una fiesta así al tener la regla!

Me hizo sonreír. Hace uns pocos años, cuando mi propia hija tuvo su regla, me llevé un buen disgusto: no me lo dijo hasta que no lo averigué yo misma. Según ella: “¡no te lo dije porque sabía que me ibas a hacer una fiesta y yo no quería!” Aunque ahora nos reímos al recordarlo juntas, confieso que me costó digerirlo, no podía dejar de pensar que algo debía haber hecho yo mal…

Así es la vida. Creo que aunque vayamos siendo mucho más abiertas en todo lo referente a nuestros cuerpos, siempre  seguirá habiendo niñas listas para celebrarlo desde el primer día por todo lo alto y otras que necesiten que pase un tiempo antes de poder compartirlo. Todas somos diferentes, y todas somos cíclicas. ¡Qué sigamos encontrandonos en  las tiendas rojas!

PD: Os dejo el trailer de Monthlies:

 

 

 

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