Tremendo 2025.
El año en que decidí volver a trabajar como psiquiatra infantojuvenil en la red pública. A primeros de marzo me incorporé a un CSM en una zona rural del norte dos días a la semana. Volví a disfrutar de la clínica, de ver familias de origen diverso, del privilegio de poder escuchar relatos de vida de personas migrantes o autóctonas, acomodadas o muy humildes. Volví a jugar con niños y niñas mientras observaba sus capacidades -siempre sorprendentes- y algunas dificultades. Volví a girar el espejo para recordar a muchas madres y padres que sus hijos son preciosos y majísimos. Volví a sentirme parte de un equipo humano comprometido con la sanidad pública. Escuché y acompañé a chavales y chavalas que se sentían solos y aturdidos en medio de tanto ruido virtual. Y, pese a tanto bueno, no renové al finalizar mis nueves meses de contrato. Porque también volví a conectar con la impotencia, a sentir que soy demasiado crítica con el sistema, que aun no he podido encontrar esa mítica distancia terapéutica. Aprendí o recordé, no estoy segura, que prácticamente todo el sufrimiento psíquico tiene su origen en las violencias, sean estas más o menos visibles. El caso es que cuando sentí que mi salud mental comenzaba a desestabilizarse de la misma manera que años atrás entendí con pena que no iba a poder seguir ahí. Aun ando dándole vueltas en mi cabeza, procesando lo vivido, y tal vez algún día pueda escribir algo más al respecto.
El año en que cursé primero de huerta. Cuando, tras conducir más de cien kilómetros, después de la consulta llegaba a mi casa lo primero que hacía era subir a la huerta, lo mejor para recuperar mi frágil equilibrio interno. Suspendí en patatas y habas, aprobé en puerros y calabazas, notable en tomates y un sobresaliente en zanahorias. He pasado a segundo pero repito habas.
El mismo año en que una gata entró por la ventana y un domingo por la mañana parió cuatro gatitos en mi salón. Tan bonita la Leo que meses después falleció de forma inesperada en el quirófano cuando la esterilizaban. Cuánto me enseñó esa gata. Qué caos y qué bonito fue ese puerperio gatuno.
El año en que por fin aprendí a bucear con bombona y a 15 metros de profundidad me pregunté porqué no lo había hecho antes, con lo feliz que me siento allí.
El año en que felizmente canté en un coro improvisado con otras 400 personas en un convento en ruinas a medianoche y rompí a llorar al percibir tanta belleza.
El año en el que fui a Bruselas a hablar en el Parlamento Europeo de la importancia de cuidar a los bebés y a sus madres.
El año en que seguí (mos) asistiendo a un genocidio en directo, sin poder hacer nada más que sentir impotencia, dolor y vergüenza de no poder hacer más.
Vivir es tan difícil como bonito. Me alegro mucho de hacerlo aquí, en medio del campo, en un pueblo pequeñísimo. Y de poder seguir trabajando en el Instituto, con nuestra la escuela perinatal, con una comunidad tan potente de gente buena, por un mundo mejor.
Gracias a la vida siempre. Feliz 2026.

6 comentarios en “2025: el año en el que volví a la pública”
Querida Ibone, qué gusto recibir tus cartas, tus reflexiones pasadas siempre por el corazón o tu corazón puesto en palabras.
Gracias por compartir tu humanidad y tus calificaciones en Huerta : )!
Un enorme abrazo, que a través de ti seguro llega a muuuuch@s seres human@s.
Charo
Ibone, gracias a tí! siempre, por tus palabras, tu delicadeza, tu transparencia, tu claridad, tus enseñanzas… todo. .¡Feliz año 2026 y un fuerte abrazo!
Ibone, preciosa, los nueve meses que compartimos en infanto – juvenil fueron hermosos, sencillos, humanos, con su parte de estrés concomitante, por encima .. la vida me sugieren tus palabras… que así sea.., abrazos sentidos .., Cristina
Ibone…feliz vida y deseo para tí un maravilloso 2026, llenito de salud, porque te necesitamis exvelente para que nos sigas inspirando. Está en mis planes de 2026 ir a España y al instituto a conocerte !
Gracias por tu bonita transparencia lealtad a ti misma y compartir con todos
Me serena leerte
Gracias por ser
Tienes razon en que el sistema no funciona como deberia, hay tanto que hacer, tanto que cambiar socialmente. Yo tambien me refugio en la sierra y la jardineria. Saludos desde el Sur.